Morante está de vuelta
EL REPASO
La plaza de Almendralejo abarrotó sus tendidos para acoger el regreso del genio cigarrero en una tarde de cal y arena que sirvió para renovar ilusiones
Morante recupera su lugar en el mapa del toreo
Morante de la Puebla: 210 días después

Ha sido la noticia de la semana que se fue y también lo es de este primer tramo de la campaña que ya ha visto pasar las ferias levantinas de Valencia y Castellón. El tren de la gran temporada ya está en marcha, pendiente de aquellos festejos que se celebran aquí y allí pero, sobre todo, expectantes ante la inigualable cita de Sevilla que más allá de alguno de sus carteles se rinde ante la belleza, la trascendencia y el lujo de un escenario sin parangón que se encuentra en un año crucial de su historia taurina. Ya hemos hablado de ello, pero habrá oportunidad de seguir haciéndolo, seguramente cuando pasen los días de vino y rosas de los fastos primaverales, tregua de cualquier batalla.
Nos interesa más ahora mismo el estado de forma, fondo y salud de Morante de la Puebla, felizmente reaparecido en Almendralejo a plaza llena y en medio de una impresionante expectación que tapó lo acontecido en otros festejos del fin de semana. El genio cigarrero puso el cartel de no hay billetes en la coqueta plaza de la localidad extremeña, joya decimonónica del neomudéjar taurino. Las colas de aficionados y la estrechez de los accesos obligaron a retrasar el comienzo de un festejo que se había resuelto con el cartel original pensado para Olivenza. Emilio de Justo ya era fijo en la terna pero Borja había entrado por la baja de Manzanares. Y quedó mejor.
¿Qué pasará en 2025?
Ya les contamos de pe a pa el desarrollo del festejo iniciado con esa emocionante ovación del público, roto el paseíllo, que el resto de matadores y cuadrillas secundaron en tributo al gran maestro de La Puebla antes de dar suelta al primer toro de Juan Pedro. La corrida incluyó una de esas bolas premiadas que suelen salir en los envíos de Lo Álvaro. Le tocó a de Justo -principal y más polémico ausente de Sevilla- que triunfó a ley pero toreó a mil por hora. Borja demostró su solvencia y ambición como torero de ferias y esa inconfundible vocación espartaquista de llegar al gran público. Pero el punto de mira estaba en la inmensa montera rizada de Morante de la Puebla que acudió a la plaza vestido con preciosista terno buganvilla, recamado con golpes arqueológicos de alamares de chorrillo largo.
¿Cómo estuvo Morante? No pudo ser más fiel a sí mismo: entregado, brillante y virtuoso con el primero de Juan Pedro, que fluctuó entre la nobleza y la flojera; tirando por la calle de en medio –había salido con la espada de acero en la mano- con un cuarto del que ya sabía que no iba a sacar ningún provecho. Los mismos que le aclamaron en la sentida y lenta vuelta al ruedo que paladeó sintiendo el cariño del público le iban a pegar después una bronca apocalíptica e inusual en estos tiempos de buenismo en los que la mayor parte de los matadores justifican los diez minutos de faena sean cual sean las condiciones del astado. Y la brevedad de Morante, se agradece…
Una hermosa incógnita
El enfado tampoco iba a durar tanto y no fue óbice para que le sacaran a hombros junto a sus compañeros en el colofón de una tarde feliz que se había hecho esperar. No había podido ser en Olivenza en el día fijado; tampoco en el aplazado por esas lluvias que prometen volver. Almendralejo se iba a llevar ese gato a su propia agua reforzando este ciclo primaveral experimental preparado por la empresa de Alberto García. Pero la pregunta del millón sigue siendo la misma. ¿Qué pasara el resto de la temporada?
Nada que no sea ya sabido: la vida taurina y personal de José Antonio Morante Camacho bajó a los infiernos tras el histórico rabo cortado en la Feria de Abril de 2023. Los vaivenes de esa campaña se justificaron con la recurrente lesión de muñeca pero los íntimos sabían que el asunto caminaba por otro lado. En febrero de 2024 se encendieron las alarmas a raíz de su comparecencia en los Premios Andalucía de Tauromaquia. Era evidente que pasaba algo y comenzaron las dudas, las idas y venidas, el largo corte de temporada que concluyó en Santander sin resolver casi nada… Morante está de vuelta. Después de Almendralejo, sin respiro ni tregua, viajó a Castellón. Le espera un extenso e intenso calendario de actuaciones de todos los colores, con todos los compañeros, en todo tipo de escenarios… La consigna, eso parece, es encontrar la cara del toro en todas partes.
Pero en esa agenda taurina de Morante de la Puebla brillan con luz propia las citas primaverales de Sevilla. Su última tarde en la Maestranza –no pudo cumplir el contrato de San Miguel ni el compromiso del festival de Los Gitanos- fue el 19 de abril de 2024. Se marchó de la plaza con semblante triste delatando su intensa tragedia interior. Un año exacto después –el calendario litúrgico retrasa el Domingo de Resurrección al 20 de abril- tiene que hacer el paseíllo en el mismo escenario para cerrar un círculo que, no por azaroso, deja de ser menos ilusionante.
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