"El puente de barcas duró siete siglos y lo vendieron para leña"

los invisibles

Francisco Pérez Aguilar. Hombre de mar, se metió en el río y sus puentes. En Garantías de Astilleros de Sevilla visitó 118 países, testigo del 'apartheid' o el final del comunismo

Francisco Correal

14 de febrero 2015 - 01:00

MARINO mercante, treinta años en Astilleros, el río Guadalquivir es la pasión de Francisco Pérez Aguilar (Puerto Real, 1944). Sueña con un monumento al puente de Barcas en el paseo de la O.

-¿Qué investigación dejó para estudiar el puente de Barcas?

-Un trabajo sobre las Atarazanas.

-¿Cuál es la singularidad de aquel puente?

-Entre 1175 y el 25 de febrero de 1852, en que se inaugura el puente de Isabel II, fue el único puente que tuvo Sevilla a lo largo de 681 años. Algo inconcebible, la única comunicación con el reino de Castilla por Extremadura. Siete siglos con una construcción defensiva del siglo XII.

-En el puente que lo sustituyó ya aparecen Ybarra y Bonaplata, los creadores de la Feria...

-El proyecto es anterior a la Feria. Sufrió retrasos por el atentado que sufrió la reina Isabel II y por la Revolución Francesa de 1848 que derrocó al rey Luis Felipe y encareció el proyecto. Lo construyeron los ingenieros franceses Stainecher y Bernadet, los mismos que hicieron el teatro San Fernando.

-Siete siglos de historia que acabaron en una subasta...

-La subasta la ganó un tal Ramírez, que pagó 72.000 reales por el puente y lo vendió para leña.

-¿Qué hallazgos ha hecho?

-Siempre se habla de los marinos santanderinos que acompañaron a Bonifaz. En los archivos descubrí el protagonismo de los marinos de Pontevedra en la conquista de Sevilla. Hasta el punto de que durante siglos, en la fiesta más importante de esa ciudad gallega, el Corpus, se conmemoraba la gesta sevillana con una galera arrastrada por bueyes. El último año que se celebró, 1852, acudió el duque de Montpensier.

-¿El puente unía o separaba?

-Sevilla era una ciudad fuerte, rica, bien defendida. Fernando III participó en una reunión en Jaén en la que se tomó la decisión de que era fundamental partir el puente de barcas. Era la única forma de cortar el suministro con Huelva, sobre todo con Niebla, de donde recibían los asediados pertrechos y ayudas.

-¿Por qué hubo un solo puente?

-Por las dificultades que presentaban las orillas del Guadalquivir y el fondo limoso del río. Los romanos, buenos constructores de puentes, no hicieron ninguno. Lo hace el califa Abu Yaqub Yussuf. Curiosamente, el primer cortejo fúnebre por ese puente fue el suyo, cuando resultó muerto de una lanzada en Santarem.

-¿Corrió Sevilla el peligro de quedarse sin puentes?

-Para evitarlo, mientras se construía el de Isabel II, se trasladaron los estribos del puente de barcas, uno a la altura de la calle Antonia Díaz, otro de la iglesia de Santa Ana. Para financiar ese traslado, se devengó de los portazgos del Tardón y el Cachorro.

-¿Correrá el puente de Hierro la misma suerte que el de Barcas?

-Cuando era alcalde, Alejandro Rojas-Marcos dijo que lo instalaría en San Jerónimo, pero lo que no dijo es la fecha.

-En su libro 'Puerto Real en sus biografías' destaca la presencia de almirantes...

-Puerto Real debe ser la única ciudad en el mundo en la que se ha dado la circunstancia de cinco almirantes que vivían en la misma calle. He llegado a contabilizar veintiún almirantes y cinco tenientes generales.

-Pero sólo un defensa central del Barcelona...

-Paco Gallego es amigo mío. Nacimos el mismo día en la misma ciudad y llegamos a Sevilla el mismo día. También ha dado un extremo derecho del Betis, Vadillo, pero se está haciendo.

-¿Qué tiempo estuvo en Astilleros?

-Desde 1971 a 1997. Entregábamos doce barcos al año y había una plantilla de 2.500 trabajadores y 1.500 de contratas.

-¿En qué departamento?

-Estaba en garantías. Igual que las lavadoras, había que certificar la de los barcos. Eso me hizo recorrer 118 países. He recorrido todo el mundo. Mi vida profesional se desarrolló en el extranjero.

-¿Qué país le sorprendió?

-La India muchísimo. Por motivos distintos, Kenia. Viví el apartheid de Sudáfrica y el canto del cisne del comunismo en primera fila. Estuve en Polonia el último año de Jaruzelski.

-El bloque comunista empieza a caer en los astilleros de Gdanks.

-Allí tuve la oportunidad de conocer a Walesa cuando era electricista. Era más delgado.

-El puente de Barcas del telón de acero se rompió con la ayuda de un ilustre polaco...

-El papa Woyjtila fue decisivo. El mundo occidental sabía que el único sitio por donde se podía romper el bloque comunista era por Polonia. Ir a misa en ese país era una odisea. Tenías que llegar media hora antes a la iglesia.

-¿Cuál era el mejor cliente de los astilleros de Sevilla?

-En dos años seguidos le vendimos dos series de doce y quince barcos a Finlandia. Los astilleros de Sevilla han sido de primerísimo nivel. Trabajé cuatro años con los finlandeses, otros cuatro con los suecos y los noruegos. En tantos años, sólo trabajé con un armador español, una empresa de Madrid que encargó un barco frigorífico en Sevilla.

-¿Cómo se puede rehabilitar la memoria del puente de Barcas?

-Que conozcan su historia las nuevas generaciones. Debería perpetuarse mediante una representación en el paseo de la O. Tendría mucha más coherencia que la escultura de Chillida.

-¿Un puente de la Expo?

-Por arquitectura, ninguno. Por ingeniería, el del Alamillo.

-¿Cuánto costó el de Triana?

-Nueve millones y medio de reales. Una cifra considerable para la época.

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