Un poema es como un buen vino

calle rioja

Vocación. El periodista Miguel Veyrat rinde tributo a Aleixandre y Cernuda en 'El hacha de plata', su último libro de poesía, que le presentó Vázquez Medel en el barrio de San Bernardo

Francisco Correal

07 de abril 2016 - 01:00

ES una isla dentro de la isla. Por eso eligió Javier Sánchez Menéndez el barrio de San Bernardo para la sede de la editorial La Isla de Siltolá. Desde la península urbana iban llegando a la presentación del libro de Miguel Veyrat (Valencia, 1938) El hacha de plata, que edita esta firma que ya tiene trescientos títulos y abrió con Juan Cobos Wilkins la serie de narrativa. Con esta nueva obra, más de la mitad de los más de treinta libros de Veyrat son ya de poesía. Una poesía "algo distinta a lo que la mayor parte de la poesía un tanto clónica de este tiempo nos ofrece", según Manuel Ángel Vázquez Medel.

No es dado Veyrat a soltar rollos sobre su obra poética. Le gusta leer sus poemas. Los defiende con uñas y dientes. Y le aplauden con gratitud y entusiasmo. Un buen poema es como un buen vino. El editor eligió un Rioja, crianza de 2013, para probarlo con el nombre de El hacha de plata. En las bodegas de la creación, Veyrat suele dejar los libros "dos o tres años reposando al cabo de terminarlos; después en seis meses los voy puliendo".

Vino y literatura. Vázquez Medel citó a Baudelaire. "Embriagaos de poesía, de vino o de virtud". Y también a Heidegger: "Somos seres para la muerte". Quizás por eso, una joven del público le pidió al poeta que volviera a leer su poema Epitafio.

La interculturalidad y la intertextualidad son dos de las señas de identidad de un poeta que labró su porvenir profesional como periodista. En La Isla de Siltolá, este periodista que ha sido corresponsal en diferentes destinos extranjeros -París, Londres, Rabat- leía poemas a un público en el que había un arquitecto que escribe poesía (Francisco Barrionuevo), una profesora de latín que se mueve entre versos (Adriana Schlittler). Será que la poesía es demasiado importante como para dejarla sólo en manos de los poetas.

En el mapa de la isla de Siltolá hay topónimos como el cabo de la Mancha, la punta de Tormes, el puerto de Willy Fogg o el Océano de Hamlet. El de Veyrat no es un caso de periodista que al dejar este oficio descubrió la poesía como vocación tardía. Vázquez Medel se refirió a obras de su juventud creativa: Coplas del vagabundo, Antítesis primaria. Un poeta que ha multiplicado su vínculo con los lectores en diferentes editoriales. Sacó Poniente en Bartleby Editores y Pasaje de la noche -que también se la presentó Vázquez Medel- en Barataria.

Veyrat invita a sus lectores -a algunos les firmó el libro antes de descorchar la botella- a leer sus poemas"como un rompecabezas", al modo de Rayuela de Cortázar. En uno de sus poemas aparecían Leonardo y Valdés Leal y entre el público el galerista de arte Rafael Ortiz. La poesía de Veyrat, dice Vázquez Medel, hace real lo intangible "y detiene la podredumbre del tiempo". Poemas en los que la inmanencia juega con la trascendencia, el gozo con el dolor, como el titulado Los ojos de los muertos. Que serían las estrellas, según el simbolismo de Albert Cohen en Bella del Señor. La poesía detiene el tiempo sin que pase por comisaría. "Así era, así es, nadie sabe su será".

Dice el poeta que está en permanente deuda con su tierra adoptiva. Por eso este libro está lleno de referencias a los dos poetas sevillanos de la generación del 27, precisamente los dos que faltan en la foto del Ateneo con su presidente Manuel Blasco Garzón, que estrena calle en Sevilla. Guiños al Vicente Aleixandre de La destrucción o el amor y al Cernuda de una mención del mirlo en Ocnos, que editó Taurus con prólogo de Jaime Gil de Biedma.

El mirlo es el águila imperial del poeta-periodista. "El mirlo es el primer canto de la madrugada". Un trino iniciático que Veyrat oyó en París y en Londres y antes en su casa de Madrid después de la vigilia de gacetillero esperando que llegara el visto bueno de la censura para que las rotativas empezaran a mover su sinfónica musculatura.

El poeta recibió muchos aplausos en una librería repleta de público -al final, como no se cabía, hubo gente que cruzó la calle para tomar un refrigerio en la taberna El Miguelete- y también pistolines de algún voluntario para mitigar la sequedad de su garganta por la que salían hermosas figuras de dolor celebrado, de ausencias presentes, de llanto reciclado en luz y mecanógrafos.

Le preguntaron al poeta por el periodista y al periodista por los poetas que conoció. A algunos los entrevistó y el resultado de esas conversaciones está en su libro Hablando de España en voz alta. Las voces de José Hierro, Blas de Otero -en el año de su centenario- o Gabriel Celaya. Y un cuarto en el que se detuvo. "Un día me llamó Carmen Balcells y me preguntó si quería entrevistar a Max Aub. Había hecho un viaje de despedida con algunos amigos por el Pirineo y quedé con él en Barcelona. Hizo un primer viaje desde el exilio que le decepcionó, en el siguiente encontró material para su libro La gallina ciega".

Recordó al primer poeta al que entrevistó. "Fue al malagueño José Infante, miembro de la Academia de Buenas Letras de Málaga. Había sido monje cartujo y fuimos compañeros en Televisión Española. Alguna vez le acompañé a alguna entrevista cuando se pasó por Londres". Autor y presentador coincidieron en sedas vivencias con el cartujo metido a poeta. Vázquez Medel: "A Pepe Infante le encargamos el perfil de Antonio Gala en la Gran Enciclopedia de Andalucía". Miguel Veyrat: "En Elogio del incendiario, una de las partes me la prologó Antonio Gala y otra Infante".

La víspera, Vázquez Medel presentó el poemario de Jacobo Cortines. A la presentación del libro de Veyrat acudió el periodista Eduardo Castro. Vázquez Medel dirigió la tesis de su hija, Olalla Castro, nombre de resonancias lorquianas, sobre la obra de Vila-Matas. Un escritor que disfrutarían en este islote literario ubicado en el barrio de los toreros. El libro también tiene hacha de oro y hacha intercalada.

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