Una lectura juvenil que marcó su vida

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El arzobispo de Sevilla ingresó en la Academia de Medicina con un discurso sobre Viktor Frankl, el psiquiatra austriaco que vivió los campos de concentración de la Alemania nazi

Las imágenes del ingreso como académico de Erudición en la academia de Medicina del arzobispo José Ángel Saiz Meneses

El presidente de la Academia, Carlos A. Infantes Alcón, coloca la medalla a Saiz Meneses.
El presidente de la Academia, Carlos A. Infantes Alcón, coloca la medalla a Saiz Meneses. / José Luis Montero

El arzobispo de Sevilla, José Ángel Saiz Meneses (Sisante, Cuenca, 1956) es desde ayer nuevo Académico de Erudición de la Academia de Medicina y Cirugía de Sevilla. Un obispo con los médicos y el Papa Francisco ingresado en el hospital Gemelli de Roma. Al final del discurso de Saiz Meneses, fuera de protocolo, el presidente de la Academia, Carlos A. Infantes Alcón, le hizo una petición muy expresa. “Le ruego que haga una oración por el Papa”.

“Estamos en manos de Dios y de los médicos”, dijo el arzobispo antes de rezar con todos los presentes un Padrenuestro y un Avemaría por la recuperación del pontífice. Dios y los médicos, los dos pivotes fundamentales de su discurso de ingreso, titulado ‘Voluntad de sentido y esperanza. El testimonio antropológico ‘integral’ de Viktor Frankl’.

Saiz Meneses recordó la visita que el 8 de febrero le hizo al Papa Francisco en su residencia de Santa Marta con la Comisión Ejecutiva del Congreso de Hermandades y Piedad Popular, acompañado del presidente de la Junta de Andalucía y el alcalde de Sevilla, entre otras autoridades. “La Iglesia y el mundo necesitan de su palabra profética, de su liderazgo mundial y pastoral”.

Discurso del arzobispo de Sevilla.
Discurso del arzobispo de Sevilla. / José Luis Montero

El arzobispo de Sevilla se convierte en el décimo miembro de esta institución que ha ingresado por la vía de la Erudición. El cuarto que lo hace en el apartado de Teología después de Fray Serafín de Ausejo y sus predecesores al frente de la diócesis, Carlos Amigo Vallejo y Juan José Asenjo Pelegrina. Esta Academia de Medicina fundada en 1693, la más antigua de Europa, tiene académicos de distinto rango. Hubo académicos de honor como el doctor Fleming, Gregorio Marañón o el Nobel de Medicina Severo Ochoa; hay académicos por Erudición y académicos correspondientes. A este capítulo pertenece Mario Iceta, obispo de Burgos, que ingresó cuando lo era en la diócesis de Bilbao “porque además de obispo es médico”, dice el presidente de la Academia.

Conoce bien su caso porque fue Monseñor Infantes Florido, entonces obispo de Córdoba y tío del doctor Infantes Alcón, el que sugirió a Iceta que primero terminara Medicina, ejerciera un par de años y si seguía viva la vocación optara por el sacerdocio. “Así lo hizo, incluso le dio tiempo de presentar la tesis”, dice Carlos A. Infantes Alcón.

El caso de Saiz Meneses es parecido. Estudió Psicología en la Universidad de Barcelona y Filosofía, Espiritualidad y Teología en el Seminario Mayor de Toledo, licenciándose en Burgos en Estudios Eclesiásticos, según el perfil que del nuevo académico hizo José María Rubio, médico y ex pregonero de la Semana Santa.

Saiz Meneses y toda la Academia rezaron un Padrenuestro y Avemaría por el Papa

Contó Saiz Meneses que en su juventud le impactó la lectura del libro ‘El hombre en busca de sentido’, una de las obras de Viktor Frankl (Viena, 1905-1997). La escuela de pensamiento del autor austriaco fue la más dura, los campos de concentración de la Alemania nazi en los que ingresa en 1942 y donde mueren su esposa, sus padres y su hermano. Él consiguió sobrevivir y fue liberado en 1945, el mismo año que Adolfo Hitler se quitó la vida. Un año después aparece ‘El hombre en busca de sentido’.

El día del discurso coincidía con las elecciones alemanas. A Stefan Zweig, el escritor vienés que retrató la enésima decadencia de la idea de Europa, le hubiera gustado mucho el planteamiento de la intervención de Saiz Meneses. Un obispo nacido en un pueblo de Cuenca disertando sobre tres pensadores y médicos austriacos que hacían tres búsquedas muy diferentes: mientras que Sigmund Freud buscaba los mecanismos del placer y Alfred Adler los del poder, Viktor Frankl inicia una búsqueda del sentido de la vida en medio de las circunstancias más adversas: el dolor, el sufrimiento, las privaciones y la compañía de la muerte en los campos de concentración por los que pasó, incluido Auschwitz.

San Isidoro, en sus Etimologías, consideraba la medicina “como una segunda filosofía, dado que una y otra, filosofía y medicina, reclaman para sí al ser humano completo: pues si por una se sana el alma, por la otra se cura el cuerpo”. De las palabras del obispo visigodo, Saiz Meneses pasó a su propia experiencia. “Mi labor pastoral a lo largo de los años me ha permitido ser testigo directo del sufrimiento humano, la fragilidad de la vida y la necesidad de una atención integral al cuerpo y al espíritu”.

La búsqueda de sentido y significado de la vida la articuló Viktor Frankl en la logoterapia “como ciencia que brota de esta experiencia compartida del sufrimiento”. Saiz Meneses desarrolló con capacidad de síntesis los cuatro principios de la logoterapia: bienestar espiritual y autotrascendencia (“como la capacidad humana de ir más allá de uno mismo”); el valor intrínseco de la vida, donde se detuvo en unas reflexiones del Papa Francisco que abogaba por hacer de la Iglesia un “hospital de campaña”: “Tenemos miedo a la vulnerabilidad y la cultura omnipresente del mercado nos empuja a negarla. No hay lugar para la fragilidad. Y, de este modo, el mal, cuando irrumpe y nos asalta, nos deja aturdidos”, palabras de Bergoglio en su mensaje para la XXXI Jornada Mundial del Enfermo.

Foto de familia de la Academia de Medicina y Cirugía de Sevilla.
Foto de familia de la Academia de Medicina y Cirugía de Sevilla. / José Luis Montero

Las otras dos patas de la logoterapia serían la mentalidad de significado, “el descubrimiento de un propósito y dirección en la vida” y sentido y libertad. “Frankl destaca la libertad interior como la última y más fundamental de las libertades humanas”.

La teoría de la logoterapia enunciada por Viktor Frankl a partir de su experiencia en los campos de concentración supone vertebrar una antropología integral que es tridimensional. Una dimensión somática, otra psíquica, pero más allá de las competencias del médico con la primera y del psiquiatra con la segunda, el núcleo de esa antropología integral sería la tercera, la dimensión noética, “que permite que las personas superen la inmanencia y se dirija a su plenitud en la medida superior de lo absoluto”. Esta dimensión, para Frankl, “es la última de las libertades humanas que no puede ser arrebatada. Ni de la prisión ni de un campo de concentración”.

Hay junto a ellas una cuarta dimensión, la transcendental, que Viktor Frankl estudió en su obra ‘La presencia ignorada de Dios’. El ser humano, para encontrar sentido a su vida, necesita de tres tipos principales de valores: los creativos, los experienciales y los actitudinales. La formulación de los dos primeros es obvia: crear (hacer, trabajar) y experimentar, pero el fundamental es el tercero, la capacidad de adaptarse al sufrimiento, la adversidad o la pérdida. “En los campos de concentración, observó que quienes lograban encontrar sentido a su sufrimiento a través de una actitud valiente eran los más capaces de mantener su humanidad”.

De ahí la paradoja del sufrimiento como “lugar de esperanza”. “Frankl, en su antropología integral, que no es reduccionista, afirma que el sufrimiento, la muerte y las adversidades, lejos de eliminar la posibilidad de sentido, pueden convertirse en las circunstancias donde éste se descubre de manera más profunda”. Añade Saiz Meneses que “el vacío existencial del que habla Frankl se manifiesta hoy en fenómenos como el materialismo extremo, el consumismo, la crisis de identidad, el hedonismo y la desesperanza”.

Imagen aérea de los invitados al acto, en el salón de actos Ramón y Cajal de la institución.
Imagen aérea de los invitados al acto, en el salón de actos Ramón y Cajal de la institución. / José Luis Montero

La medicina es un instrumento de pasión y también de compasión. “El lenguaje del dolor y el lenguaje del amor no están alejados”, dice el nuevo miembro de la Academia de Medicina de Sevilla. El amor cura en una de las patologías más extendidas en la actualidad a las que se refirió Saiz Meneses, “las enfermedades mentales en un contexto preocupante de aislamiento social”.

La lección de Viktor Frankl, el compatriota de Freud y de Adler (y de Hitler, austriaco de cuna) no es teoría para lucirse. “La síntesis entre la antropología noética de Frankl y la doctrina cristiana enriquece nuestra comprensión del ser humano”, que terminó su discurso con una reflexión del autor que le marcó en una lectura de juventud: “El médico debe consolar las almas. En ningún caso es esto misión exclusiva del psiquiatra. Es simplemente tarea de todo médico en ejercicio. Personalmente estoy convencido de que las milenarias palabras de Isaías, ‘consolad, consolad a mi pueblo’, no sólo siguen siendo actuales en nuestros tiempos, sino que van también dirigidas al médico”.

Saiz Meneses tuvo que recorrer apenas unos metros para ser investido nuevo académico de Medicina. Desde el Palacio Arzobispal a la Casa de los Pinelo. Los demás académicos llegaron sorteando maratonianos. Ganó el maratón de Sevilla el etiope Selemon Barega. Compatriota de Abebe Bikila, aquel deportista que entró descalzo en el Coliseo en los Juegos Olímpicos de Roma 1960. Sufrir para ganar en la ciudad que tantas veces visita Saiz Meneses desde que el Papa Francisco, por quien reza a todas horas, lo nombró miembro del Dicasterio para las Causas de los Santos y después del Dicasterio para los Laicos, Familia y Vida.

Obispo, teólogo, psicólogo…y académico. Como dijo en su intervención final el presidente de la Academia, Infantes Alcón, citando al doctor Letamendi, “el médico que sólo medicina sabe ni medicina sabe”. El médico al que le cambiaron la calle en Sevilla y suspendió tres veces a Pío Baroja.

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