De Guadalupe a Sevilla con escala en Florencia
calle rioja
Ese Domingo de Resurrección toreaban Curro Romero, Enrique Ponce y Morante

En plena calle Sierpes. Mañana Juan Miguel Vega presenta en el Círculo Mercantil su libro La Madrugá (El Paseo), con el epígrafe 25 años después. Le acompañarán Paco Robles, Javier Rubio, Sebastián Torres y el editor de la obra, David González Romero. Será cinco días antes de que concluya su mandato como pregonero de la Semana Santa que inició el 17 de marzo de 2024 en el Teatro de la Maestranza. Su libro Veintitantas maneras de entrar en Sevilla(Historias de la muralla y sus puertas) fue uno de los libros más vendidos en Navidad, según La Botica de Lectores de Santa Catalina, y probablemente su nueva obra se convierta en uno de los que más salida tengan en este final de cuaresma y los días de Semana Santa. Semana Mayor que terminará el 20 de abril, Domingo de Resurrección, conmemoración de los 25 años de una de las noches más recordadas y olvidadas de la primavera sevillana.
Ese Domingo de Resurrección toreaban Curro Romero, Enrique Ponce y Morante
El 1 de abril del año 2000, un manchego y una extremeña se casaron en el monasterio de Guadalupe. El novio era mi hermano Quique, el cuarto de los cinco varones de una cofradía de la que soy hermano mayor desde que el 24 de junio de 1959 nació mi hermano Juan en un pueblo coruñés llamado As Pontes de García Rodríguez. La novia se llamaba Guadalupe, hija de la localidad. Firmaron los papeles con el testimonio mudo de los cuadros de Zurbarán, que cada Martes Santo asiste a la igualá de los costaleros de San Esteban en la Casa de Pilatos. Todo llevaba ese día el nombre de Guadalupe: la novia, el pueblo, el monasterio, el río. Recuerdo aquí un hecho privado, familiar, porque en su luna de miel, después de una escala en Florencia, llegaron a Sevilla para conocer la Semana Santa con su hermano mayor como cicerone. Algo que superase el síndrome de Stendhal con el que sucumben ante tanta belleza los que visitan la ciudad del Dante y del Giotto. Lo que no imaginaban es que en Sevilla, siguiente escala de su viaje de novios, se iban a encontrar con un síndrome distinto, más parecido a La guerra de los mundos de Orson Welles que al que va asociado con el autor de La Cartuja de Parma.
Formábamos un grupo bastante numeroso con un refuerzo de parientes sevillanos que residían en Cádiz. Una parada de avituallamiento con calentitos en la explanada exterior de la estación de Plaza de Armas. En la calle Alfonso XII empezamos a ver los primeros indicios de que algo empezaba a no funcionar. La novia en particular quería salir de Sevilla en ese mismo instante, presa de un pánico difícil de definir. Nunca vimos una plaza de San Lorenzo tan desierta, tan silenciosa y no precisamente los silencios que alertan contra ruidosos y gamberros, sino el que procede del temor de una fuerza viscosa e incontrolable. En la Madrugada sevillana la noche se funde con el día, pero esa transición de horas, aromas y grados en los termómetros saltó por los aires.
El bueno de Juan Bonilla tuvo que publicar una tribuna titulada Yo no he sido para desmarcarse de cualquier relación con los sucesos por haber publicado antes su novela Nadie conoce a nadie. Una precuela, diría un cinéfilo atravesado. Novela que fue llevada al cine por Mateo Gil con música de Alejandro Amenábar. En la película salta por los aires el pabellón del Vaticano. Una demolición con tintes proféticos porque efectivamente el pabellón diseñado por el arquitecto Oriol Ybarra fue convertido en escombros, mientras que todavía continúa en pie el de la Cruzcampo, obra del mismo autor, aunque Gambrinus se fue de vacaciones.
El 2000 fue año olímpico. Los Juegos se disputaron en Sídney. Los segundos en Australia después de los que boicoteó Franco en 1956, el año del pregón de Antonio Rodríguez Buzón. El año de los Juegos de Sídney el pregón lo pronunció Joaquín Caro Romero, premio Adonais y académico de Buenas Letras. Todavía no se ponen de acuerdo en si el 2000 que tiene tres aros olímpicos fue el último año del siglo XX o el primero del siglo XXI. El pensamiento optimista sitúa la nueva Era en 1989, el año de la caída del muro de Berlín (y de mi boda en la capilla de los Marineros de Triana). El pensamiento pesimista ubica el nacimiento del siglo XXI el 11 de septiembre de 2001 con el atentado contra las Torres Gemelas de Nueva York. Un mes y tres días después nacía Irene, fruto del matrimonio de Quique y Guadalupe, los contrayentes de aquella boda del 1 de abril de 2000.
Un viaje de Guadalupe a Sevilla pasando por Florencia. La Virgen de Guadalupe es titular de la hermandad de Las Aguas que procesiona el Lunes Santo. Una imagen que realizó con quince años el imaginero Luis Álvarez Duarte, cuya biografía escribió José Joaquín León, el periodista, poeta y ex hermano mayor de la Soledad de San Lorenzo que el próximo sábado anunciará en su pregón la Semana Santa de 2025. Guadalupe tiene una calle en Sevilla. Une el Muro de los Navarro con Recaredo, la calle de los Negritos.
Han pasado cinco alcaldes y todavía no se sabe exactamente qué ocurrió en esas horas que paralizaron el tiempo en Sevilla. Fue la segunda caída del Imperio Romano porque hasta los armaos de la Macarena optaron por el rompan filas. Alfredo Sánchez Monteseirín no llevaba ni un año de alcalde de Sevilla. Las elecciones municipales tuvieron lugar el 13 de junio de 1999. El antiguo señor de los pueblos (concejal de Burguillos, La Rinconada y Mairena del Aljarafe y presidente de la Diputación Provincial) sustituyó en la Alcaldía a Soledad Becerril, que obtuvo 2.734 votos más, insuficientes ante el cambio de alianza de su antiguo socio Alejandro Rojas-Marcos. En este recordatorio de una luna de miel con sobresaltos, ese matrimonio político se disolvió.
El 20 de abril de 2000 se cumplían ocho años de la inauguración de la Expo 92. Gobernaba Aznar en la Moncloa, Manuel Chaves cumplía diez temporadas al frente de la Junta de Andalucía. La víspera de aquella Madrugada el Madrid eliminó al Manchester United de la Copa de Europa en Old Tradford con una soberbia jugada de Fernando Redondo que remató a gol Raúl. Alguien comparó esa pirueta del jugador argentino con la maniobra que hacen los armaos de la centuria en los giros de calles. El Madrid ganó la Copa de Europa ese año en final española contra el Valencia. Maruja Torres ganó el premio Planeta. El Comando Andalucía de Eta manchó ese nombre con su guadaña asesinando al concejal Martín Carpena en Málaga, al juez Luis Portero en Granada y al coronel médico Antonio Muñoz Cariñanos en Sevilla, en su consulta de la calle Jesús del Gran Poder.
Fue la noche de Flores Esquivias. La fotógrafa de Diario de Sevilla que con su cámara captó las imágenes más impactantes. La prueba empírica de que no fue un mal sueño sino una peor pesadilla. Todavía estaba en ciernes la prensa digital y el Sábado Santo no había periódicos en los quioscos. Uno de los tres días que no se sale, junto a Navidad y Año Nuevo. Hubo que esperar al Domingo de Resurrección para ver en papel las impactantes fotos de Flores Esquivias. Era 23 de abril, día del Libro y de San Jorge. Se mezclaba el susto y la incertidumbre con los primeros clarines de la temporada taurina. Toros de La Dehesilla para Curro Romero, Enrique Ponce y Morante de la Puebla, que 25 años después ha calentado motores en la plaza de Almendralejo.
Justo un mes después de aquella Madrugada, 20 de mayo de 2000, terminaba la Liga en Primera División. Betis y Sevilla, que se enfrentaron ayer, bajaban a Segunda División. La Liga la ganaba el Deportivo de La Coruña y un canterano del Sevilla, Salva Ballesta, era Pichichi en el Racing de Santander. El camino a la inversa de los montañeses, chicucos o foramontanos.
También te puede interesar
Lo último