El falso 'greco' de EEUU que fue pintado en Sevilla
El Museo Meadows de Dallas admite ya que el cuadro 'La Anunciación' es una falsificación moderna
El trabajo de un detective sevillano apunta a que la obra la pintó Eduardo Olaya en los años cincuenta
Juan Carlos Arias: "Uno de los Greco del Prado pudo ser pintado por Olaya"

El Museo Meadows de Dallas (Texas, EEUU) admite ya en su página web oficial que el cuadro La Anunciación no es del Greco, sino que es una falsifación moderna. El museo no precisa quién es el autor de la copia, pero sí la data entre los siglos XIX y XX. Un detective privado sevillano, Juan Carlos Arias, descubrió que el cuadro había sido comprado por el magnate del petróleo y fundador del museo, Algur H. Meadows, al marchante de arte neoyorquino Stanley Moss, en 1956. La copia fue hecha, con casi toda seguridad según este detective, por un pintor sevillano, Eduardo Olaya, un auténtico genio de las falsificaciones, y facilitada a Moss por otro sevillano, el legendario anticuario Andrés Moro.
Olaya falsificó numerosos cuadros de los grandes maestros, especialmente del Greco. Tenía la particularidad de que recuperaba lienzos antiguos que iba encontrando en iglesias expoliadas, o que habían sido bombardeadas y quemadas durante la Guerra Civil, y pintaba sobre ellos, de ahí que algunas de sus obras puedan superar las pruebas de antigüedad. Olaya fue un homosexual perseguido por el franquismo y estuvo saliendo y entrando de la cárcel (cumplió condena en La Ranilla) por distintos motivos, como estafas, apropiación indebida y abuso de menores. Era conocido en la Sevilla de la época con el sobrenombre de la Baronesa.
Trabajaba para Andrés Moro, alias el Moro, que tenía sus tiendas de antigüedades en el centro de la ciudad, entre las calles Alemanes y Argote de Molina. Llegó a disponer de toda una manzana a los pies de la Giralda y estuvo activo hasta los años noventa, con estrechos vínculos con la aristocracia sevillana. Murió en 1999. Fue este anticuario y marchante de arte quien vendía las falsificaciones de Olaya a Stanley Moss, escritor, poeta y comerciante de arte neoyorquino que se estableció en España en los años cincuenta y sesenta. Copias de obras de Velázquez, Murillo, Ribera y el Greco, entre otros, pasaron por sus manos.
Fue a través de Moss cómo algunos millonarios americanos compraron obras de los grandes pintores de los siglos XVI y XVII creyendo que éstas eran originales. Uno de estos magnates fue Algur H. Meadows, que había hecho una inmensa fortuna en su país con el petróleo y pasó temporadas en Madrid a partir de 1953, viviendo en el hotel Ritz. Tenía al lado el Museo del Prado, y allí se enamoró de la pintura española. Uno de los cuadros que compró a Moss, su compatriota, fue el La Anunciación del Greco que ahora el museo ha admitido que es falso.
Meadows compró una ingente cantidad de obras de arte, buena parte de la cual se expone hoy en el museo que lleva su nombre en Dallas, conocido popularmente como el Prado de América por las numerosas pinturas españolas que se exponen y guardan en él. "Era un millonario, una especie de Jeff Bezos o Elon Musk de la época, pero en vez de hacer fortuna con la tecnología la había hecho con el petróleo. Vino a España en busca de pozos de petróleo, en sitios como Algeciras y Tarragona. Se estableció en Madrid y allí compró tantas obras que le costó el divorcio. Se casó después con otra mujer a la que le gustaban los cuadros, y llegaron a un acuerdo con la Universidad Metodista del Sur para que la colección se expusiera al público, que al final es lo que muchos de estos coleccionistas quieren. Pero, claro, mucho de lo que compró es falso. No sólo compró obras en España, también compró en París a Elmyr de Hory, un húngaro que está considerado el mayor falsificador europeo".
Quien así habla es Juan Carlos Arias, un detective privado sevillano que ejerció también como periodista de sucesos, trabajando para cabeceras como El Caso. Arias ha investigado durante años toda esta trama de falsificaciones de obras de arte surgida en Sevilla, un trabajo que plasmó en el libro El falsificador de Franco, publicado en 2023 por la editorial Samarcanda. La trama llegó a ser investigada por la Policía (de hecho, se conoció como la Operación Sevilla), pero esa investigación se paró porque una de las estafadas fue Carmen Polo, la mujer del dictador, que era cliente habitual de Moro. Uno de los cuadros falsos pintados por Olaya apareció en el Palacio del Pardo. Obviamente nadie admitió nada y el régimen, al que sólo interesaba saber quién había vendido el cuadro falso a la esposa de Franco y miraba para el otro lado sobre el expolio del patrimonio español en aquellos tiempos, lo terminó silenciando todo.
El policía que llevó aquel caso, hasta donde le dejaron, fue José Arias Galán, padre del detective. "Estuvo a punto de costarle su carrera. Le dijeron 'Arias, ve que el jefe quiere hablar contigo, entrega la placa y la pistola'. Eso es lo peor que pueden decirle a un policía. Mi padre tenía cuatro niños y una hipoteca, y se veía en la calle", apuntó el autor a este periódico en una entrevista cuando se publicó el libro. Más de sesenta años después, su hijo seguiría con la investigación.
El falsificador de Franco se publicó en EEUU en 2024, año en el que precisamente falleció Stanley Moss. La obra obtuvo una mención honorable al mejor libro relacionado con las artes en los premios Latino Book Awards, que se entregaron el pasado 19 de octubre en Los Ángeles. A raíz de la difusión del libro en EEUU, el Meadows admite ya abiertamente que La Anunciación es una falsificación y no un original del Greco.
"La mentalidad americana es distinta a la nuestra. Ellos consideran el arte como un objeto de mercado. Sin embargo, los latinos lo consideramos como patrimonio histórico, parte de nuestra identidad colectiva y de nuestra historia y objeto de protección estatal. El arte está protegido en España, Italia, Grecia, etcétera. En EEUU no tienen problemas para reconocer que algo es falso, forma parte de su marketing. Tiene su morbo también, el de tener en casa lo que no pueden comprar", explica Arias.
La Anunciación del Greco es uno de los cuadros más falsificados del mundo, expone el detective. "Hay más de cuarenta versiones. El Greco es el pintor más falsificado porque es el más admirado, trasciende a Velázquez, Goya y otros pintores. Es que el Greco es único, como la voz de Camarón. Pero no sólo está el Greco, sino su escuela y sus seguidores, como Luis Tristán. Esto era un negocio y Olaya era el mejor de los falsificadores".
Arias está convencido de que tanto el Museo del Prado como el Thyssen tienen también sendas obras falsas del Greco que fueron pintadas por Olaya. En el caso del Prado, se trata del cuadro Una fábula, del que hay tres versiones originales en el mundo, dos de ellas sin firmar. La del Prado la vendió Stanley Moss en 1993 por más de tres millones de euros. La otra sin firma está en la Galería Nacional de Escocia, en Edimburgo. La tercera, la única firmada, es de un coleccionista privado que no permite a ningún experto tener acceso a la pintura. "Hay coleccionistas que son muy herméticos, cuando se mueren es cuando salen estas historias a relucir".
La obra del Thyssen a la que el detective se refiere es otra Anunciación que está en la sala 11, comprada por el barón a Moss en 1975. El detective ha preguntado a ambos museos si tienen pruebas de la originalidad de estas dos obras. "A través del portal de transparencia me respondieron que el vendedor era Stanley Moss, es decir, la misma persona que comercializaba con copias. Ni el Prado ni el Thyssen me han respondido sobre si tienen pruebas que estos dos cuadros son originales. En el caso del Thyssen, tres meses después de salir el libro, lo cedieron para una exposición en Milán".
En el Prado hay otro cuadro del que Arias sospecha. Es una Última Cena de Luis Tristán, discípulo del Greco. "En su ficha técnica sólo pone como hoja de ruta la procedencia de Moss. Desde 1670 hasta 1993 nadie sabe dónde ha estado el cuadro", apunta el detective.
"Stanley Moss vendió cosas originales, pero se le acabaron. Es que no hay más. Velázquez, Goya, Murillo no pintaron más. Murillo está todo inventariado, si sale algo nuevo en una casa de subastas hay que sospechar. Como en todas las profesiones, hay de todo, y hay expertos que se dedican a autenticar cuadros de grandes maestros que en realidad son falsos", explica el autor. Moss se proveía de Moro, "porque era el único que tenía una fábrica de copias tan perfectas". "Si no tenías lo que querías, te lo buscaba, y se lo encargaba a Olaya", apunta Arias.
"Olaya iba en los años cincuenta por las parroquias y conventos antiguos, muchos de los cuales habían sido saqueados, quemados y bombardeados durante la Guerra Civil, pero quedaban los marcos y los lienzos. Eduardo Olaya era un restaurador, que era capaz de dejar como nueva una escultura o un cuadro antiguo. Pero ganaba más dinero falsificando que restaurando", añade el autor de El falsificador de Franco, que cree que Olaya pudo llegar a producir entre 400 y 500 falsificaciones.
Hay que tener en cuenta que a mediados del siglo XX no existían técnicas científicas para averiguar la antigüedad de la pintura, como los rayos X y análisis químicos de los lienzos y pigmentos para conocer si se ha pintado sobre el cuadro y la historia del mismo. "Olaya se escapa porque cogía lienzos de hace cuatro siglos, y eso no lo hay en EEUU. Olaya se iba con el Moro algunas veces, y éste tenía la mayor red de expoliadores y compradores de antigüedades que nadie quería. Le hacían cola en su puerta, porque pagaba".
Para Arias, ya es revelador que el Meadows haya dado el paso de admitir que el cuadro que exponían como del Greco es una falsificación. Este periódico contactó con el museo para saber cuándo tuvieron conocimiento de que la obra no era original. No ha obtenido respuesta alguna.
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