"Mi casero me pegó un tiro en la cabeza porque le debía dos meses de alquiler"

Un hombre de 31 años relata cómo sobrevivió a un intento de asesinato en La Rinconada

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El testimonio de un hombre que sobrevivió a un intento de asesinato
El testimonio de un hombre que sobrevivió a un intento de asesinato / Antonio Pizarro

Un hombre de 31 años sobrevivió a un intento de asesinato por parte de su casero, que le disparó un tiro en la cabeza porque le debía dos meses de alquiler. Los hechos ocurrieron en San José de la Rinconada la tarde del 24 de febrero de 2025. La bala se le quedó alojada en el cráneo y pudo ser extraída por los cirujanos en el Hospital Virgen Macarena de Sevilla. El agresor, que tiene 81 años, fue detenido pero quedó en libertad provisional cuando pasó a disposición del juzgado.

Este periódico entrevistó ayer a la víctima de este tiroteo, que prefirió no revelar su identidad y pidió ser identificado mediante las iniciales A. E. "Semanas antes de que me pegara el tiro habíamos tenido una discusión. Yo había tenido un problema, me había quedado sin trabajo y no pude pagar el alquiler. Le pedí un margen de tiempo para poder pagar y, si no, yo me iba de allí porque no estábamos ni cómodos. Era un piso pequeño y pagábamos mucho", cuenta este hombre.

La discusión se produjo por los primeros impagos. Explica la víctima que el casero le pidió ayuda para mover unas latas de pintura en el desván, a lo que él accedió. "Este hombre siempre va armado, iba presumiendo en los bares de que tenía una pistola pequeñita y que la llevaba en el pecho. Yo lo noté muy raro en el desván, fui a sacar una de las latas y, al girarme, vi que estaba llevándose la mano a donde tenía la pistola. Se lo comenté a mi mujer, que no sé si me quería pegar un tiro o qué, pero no nos lo podíamos creer y seguimos viviendo allí".

A los veinte días volvieron a cruzarse. "Se me apagó el teléfono y bajé a unas oficinas que tiene en los bajos del edificio para pedirle que me dejara el suyo para llamar a mi madre. Como él tenía el número de mi madre memorizado en su teléfono, me lo dejó para que la llamara y me indicó que me metiera en un cuarto que había allí para que hablara tranquilo. Estuve hablando con mi madre, y al colgar noté un 'bum', un zumbido muy fuerte en la cabeza".

Su casero le acababa, presuntamente, de disparar un tiro en la cabeza. Por la espalda, a traición y sin mediar palabra, según el relato de la víctima. "Yo estaba sentado en la silla y caí hacia delante, sentí un zumbido fuerte, mucho frío en la cabeza y un porrazo en la espalda. Para coger equilibrio lancé las manos hacia atrás. Él venía para darme un segundo tiro. Caí con la suerte que le agarré en la mano que tenía la pistola. Hubo un forcejeo entre ambos, se cayó y, como pude, le quité la pistola y salí corriendo".

El suceso ocurrió en la calle Virgen de los Dolores de San José de la Rinconada, sobre las siete menos veinte de la tarde del 24 de febrero. Con el disparo en la cabeza y sangrando abundantemente, y también con la pistola de su agresor en la mano, A. E. recorrió los 380 metros que separan el lugar de los hechos del ambulatorio más cercano. "Iba haciendo zigzag, chocando con los coches, no tenía fuerzas". Tuvo suerte ese día, primero porque la bala no le causó lesiones graves. Y después porque era el primer día que el centro de salud abría por la tarde y pudieron atenderle. Ya después lo trasladaron al Hospital Virgen Macarena, donde le operaron y le extrajeron el proyectil. Después vino una segunda operación en el Virgen del Rocío.

"Era una bala pequeña, pero obviamente me podía haber matado. Me partió el cráneo y quedó alojada en el músculo occipital". A. E. lamenta que su presunto agresor quedara en libertad tras su detención. "No sé cómo alguien que le pega un tiro a otra persona esté libre, lo más coherente sería que estuviera en prisión provisional a la espera de juicio. No sé si puede venir a buscarme. Aquel día no hubo discusión ni nada, ni había motivo para que hiciera lo que hizo".

El presunto autor del disparo es conocido en La Rinconada, donde fue durante muchos años enterrador. "Yo siempre me había llevado bien con él, le llevaba hasta limones y naranjas de mis padres. Llevábamos unos ocho meses viviendo allí. Y él me había enseñado la pistola, siempre va armado y la enseñaba".

"Tengo algunas secuelas. Me duele la cabeza, tengo la zona muy sensible, y psicológicamente estoy muy afectado". A. E. pidió el alta voluntaria del hospital para sacar a su perro de la casa, temiendo que su casero pudiera hacerle algo al animal. "Fuimos para allá y lo sacamos. También tenía mucho miedo a estar solo en el hospital". El presunto agresor se acogió a su derecho a no declarar ante la Guardia Civil tras su detención. A la víctima la representa el abogado José Antonio Cumplido.

"Espero que se haga Justicia, que este hombre entra en prisión y cumpla condena por hacer lo que ha hecho, que es intentar matar a sangre fría y sin motivo aparente a un hombre de 31 años que tiene dos hijos. Le debía dos meses y el tercero que aún no había terminado. Mil y pico euros, pero aunque hubieran sido diez mil, no creo que sea motivo para dispararme. Además, que yo me había ofrecido a irme y él no quería que me fuera. A mi mujer le decía una cosa y a mí otra, no decía las cosas claras", apunta la víctima.

"Me siento como si hubiera vuelto a nacer. Cada vez que me levanto me digo a mí mismo que estoy ante otro día que me ha brindado la vida. Es increíble, pero cierto. Mi casero me pegó un tiro en la cabeza y estoy vivo".

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