Del adiós a Amigo a la bienvenida a Asenjo

Domingo de pasión Las valoraciones y el almuerzo en el Real Alcázar

La sobremesa del pregón estuvo marcada por las palabras que Henares dedicó al cardenal y al arzobispo coadjutor

El pregonero con su mujer y sus hijos
El pregonero con su mujer y sus hijos
Juan Parejo

30 de marzo 2009 - 05:03

Todos los asistentes al Pregón de Semana Santa de Enrique Henares coincidieron en una cosa a la hora de valorar el texto y su mensaje: ha sido actual, valiente, y no se ha escondido ante ningún tema. "Así es Enrique". Pero, además, el pregón de la Semana Santa de 2009 se recordará como el del adiós al cardenal Amigo y el de la bienvenida al arzobispo coadjutor, Juan José Asenjo. Precisamente, Asenjo se convirtió, seguramente sin quererlo, en el protagonista de la sobremesa del Maestranza: el almuerzo que el Ayuntamiento y el Consejo ofrecen al pregonero en los Reales Alcázares.

Antes, y en los camerinos del teatro, era el cardenal Amigo quien valoraba la intervención del pregonero. A Amigo le gustó el Pregón, sobre todo "por saber recoger la actualidad". El prelado agradeció mucho las palabras de gratitud que Enrique Henares le dedicó por su años de servicio a la Iglesia de Sevilla y a sus hermandades y cofradías. Palabras que se llevaron, sin duda, la ovación más larga de la mañana: "Los aplausos eran para el pregonero, no para mi. En cualquier caso, hemos hecho lo que debíamos y si algo hemos hecho bien se lo agradezco".

Como un torero henchido ante una tarde de triunfo en una gran plaza, de esas que dan categoría, se mostraba Enrique Henares tras finalizar el acto. "Hay que ser torero y los toreros son valientes", decía sobre el tirón de orejas que le dedicó al arzobispo que acaba de llegar. El pregonero se hizo eco, con una mijita de guasa, del episodio acontecido en la toma de posesión de Asenjo, cuando una persona le quiso dar la bienvenida regalándole una estampa de la Macarena. Presente que el arzobispo coadjutor derivó a su secretario. Ese gesto no gustó nada al pregonero, y así se lo hizo saber a monseñor en el Pregón: "Asenjo se merece ese tirón de orejas. Si no lo ha entendido se lo explicaré".

Y parece que así fue, porque a la llegada al almuerzo, el pregonero se llevó una pequeña reprimenda del coadjutor, quien pareció recriminarle el gesto como Cristo hizo con Anás en su casa: Si he obrado mal, muéstrame en qué; y si bien, por qué me hieres. Asenjo le espetó que se podía haber equivocado con aquel gesto, pero que no creía que fuera a tener tanta trascendencia.

A los postres, llegó la réplica del pregonero, quien pidió, en varias ocasiones, la "absolución" al arzobispo coadjutor por sus palabras: "Esta ciudad es difícil. Le pido que comprenda usted a Sevilla que es muy, muy rara. No creía que se lo iba a tomar así. Ha sido una bienvenida a nuestro modo. Perdone por la falta de respeto y empiece a comprender a Sevilla".

Sobre el mismo asunto abundó el alcalde, Sánchez Monteseirín, quien indicó, de la misma manera, que Sevilla es "muy rara, muy difícil y complicada. Démosle su mérito a don Carlos, pero no asustemos a monseñor [Asenjo]. Son las formas más que el fondo, y el nuestro es maravilloso", le aseguró al coadjutor.

En su turno de palabras, el cardenal Amigo ahondó sobre este asunto: "Sevilla no se comprende, se quiere, y se la quiere como es. Con sus luces y sus superluces y son tan grandes que sus pequeñas sombras no se tienen en cuenta". Amigo definió el pregón como "el del amor".

Por su parte, el presidente del Consejo, Adolfo Arenas, mostró su "profundo respeto y admiración al cardenal", y le aseguró al arzobispo coadjutor que los sevillanos son gente de corazón abierto: "Las cofradías le van a tener el mismo cariño, afecto y respeto que le tienen al cardenal Amigo".

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