Nostalgias de Litoral: Eva Díaz Pérez vuelve a Rochelambert

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Relevo. La periodista y escritora que noveló al pintor Murillo ha sido cesada del Centro Andaluz de las Letras en el año de Valdés Leal

Eva Díaz Pérez.
Eva Díaz Pérez. / Antonio Pizarro

Sus amigos y sus lectores lo van a agradecer. Y sus amigos lectores, que son legión, no digamos. Como nunca ha vestido el cargo, como lo ha ocupado con la misma naturalidad con la que da los buenos días o remata los párrafos de sus magníficas novelas o de sus artículos, no tiene uno la sensación de que a Eva Díaz Pérez la hayan echado de ningún sitio. El recambio político convirtió la Consejería de Cultura en un triunvirato, compartiendo cartera (y donuts) con Turismo y Deportes. La han cesado en plena Feria del Libro y en la semana del derbi balompédico, donde la mayoría de los escritores eran ágrafos hasta que llegaron los exorcismos de Garci y Javier Marías.

Escribió una novela sobre Murillo y la han echado en el año de Valdés Leal. El año de mucha gente. 2022 es el año Proust, el año Saramago, el año Nebrija, al que tantas horas le ha dedicado, y el Centro Andaluz de las Letras que ha dirigido hasta hace bien poco, el CAL (Manuel, no te arrimes a la pared…) eligió 2022 como el año Fernán Caballero, esa mujer que firmaba como un hombre, esa española que nació en el extranjero, esa ultraconservadora que sin embargo fue pionera en todas las vanguardias. Un personaje made in Eva Díaz Pérez, tan aficionada a las heterodoxias en sus novelas: Memoria de cenizas o Hijas del Mediodía, ya fueran perseguidos por la Inquisición o por la Ortodoxia, iluminados o ilustrados.

Muchos lectores de Eva Díaz Pérez han conocido mejor la historia de su ciudad sumergiéndose en sus novelas. Ella misma ha ejercido de guía en esos viajes a tiempos pretéritos que palpitan en espacios presentes. El turismo cultural es conceptualmente tan vacío como el turismo religioso o el turismo sociológico, pero es evidente que mucha gente viaja a los sitios porque le atrajo lo que de ellos se dice en una novela o se muestra en una película. La ópera es la mayor contribución del turismo a la cultura. En la novela El color de los ángeles, en la que Eva Díaz Pérez sitúa al pintor Bartolomé Esteban Murillo en una oscura trama, el pintor se va a los toros a presenciar una corrida para festejar la beatificación de Fernando III. La Gramática Parda, parafraseando el título de la maravillosa novela de Juan García Hortelano, se ha cargado los sueños de Nebrija de Eva Díaz Pérez. Incansable y ubicua, nunca quejumbrosa. Vuelve a sus quehaceres y ya sólo viajará a Málaga por gusto. El puente aéreo o ferroviario de la última política andaluza. El único viaje a la inversa ha sido el de Pepe Mel, sevillano de residencia, del muy literario barrio de San Lorenzo, para entrenar al Málaga, el farolillo rojo de la División de Plata.

Recuerdo perfectamente el día que Eva Díaz Pérez apareció por el Polígono Calonge para hacer prácticas en Diario 16 Andalucía. Vino en la hornada de María José Guzmán. Sevillana del barrio de Rochelambert, cantera de buenos periodistas (Javier Mérida, María José Andrade), muy pronto se decantó por los asuntos culturales, aunque como buena periodista nunca puso remilgos a las historias más prosaicas que salen a diario en los periódicos. Reclamada en multitud de foros como conferenciante, ha firmado ejemplares de sus libros en todas las Ferias del Libro del país, pero nunca ha perdido la inocencia de la reportera, la complicidad de colega.

Esto es una mudanza, no un obituario. Eva Díaz Pérez no se retira, como Piqué. Los personajes de sus historias, que vivirían un tiempo de barbecho, habrán empezado a ir a los gimnasios de la sintaxis y la imaginación porque su dueña los va a volver a poner a trabajar. Se acabó el asueto. La jefa ha vuelto y ya no hay excusas. Le tocó el torbellino de la mascarilla (un personaje de Molière, por cierto) en los territorios de la máscara.

En la foto del 27 no estaban los poetas sevillanos (Cernuda, Aleixandre, Villalón) y tampoco los dos malagueños de la revista Litoral (Prados y Altolaguirre). Si noveló a Murillo y a Nebrija, nadie mejor que ella para novelar a aquellos poetas a los que Joaquín Romero Murube, que murió el mismo día que Ignacio Aldecoa, les abrió las puertas del Alcázar. El centenario de esta generación será el cincuentenario del Nobel de Vicente Aleixandre. Eva Díaz Pérez tenía seis años.

Compartimos mesa redonda con Enriqueta Vila, Ismael Yebra, Luis Navarro y Pablo Emilio Pérez-Mallaína en la glosa del quinto centenario de la primera Vuelta al mundo. Gesta que tuvo lugar justo un siglo antes de que viniera al mundo Murillo, esa época en la que esta ciudad tuvo dos Siglos de Oro antes de que vinieran centurias de hojalata. La han descabalgado en el año Elcano cual Magallanes en Lapulapu, pero Eva, de cuya costilla saldrían muchos adanes, sabe con Alejo Carpentier que los honores deshonoran. A dos semanas del centenario de la muerte de Marcel Proust, ha empezado a recuperar el tiempo perdido. Que en la semana del derbi seguro que fue un tiempo empatado. Los revisores de Renfe la echarán de menos; y si iba en coche, el fantasma de Silvio, el rockero, nacido en La Roda de Andalucía, el último pueblo de la provincia de Sevilla en la ruta de Osuna y Estepa antes del límite con la provincia de Málaga. La nueva tierra prometida del juanmismo. El mismo Juanma Moreno. Claro.

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