La niña que recuperó la vida

Ana María Rodríguez Casado quedó en estado vegetativo a los 4 años tras rompérsele un cable del marcapasos · La causa de la beatificación dicta que mejoró tras ser encomendada a la religiosa

La niña que recuperó la vida
La niña que recuperó la vida
Juan Parejo / Sevilla

17 de septiembre 2010 - 05:03

Madre María Purísima de la Cruz fue una santa en vida, según todas las personas que la conocieron, y las que no, así lo afirmaban y la veneraban como tal. Esta fama se acrecentó desde el mismo día de su muerte, cuando cientos de personas se dirigieron hasta la Casa Madre de la calle Santa Ángela de la Cruz para llorar su muerte. Pronto se fueron sucediendo las peticiones de sacerdotes, hermanas y seglares que pedían con insistencia ante el Arzobispado la presentación en el Vaticano de la solicitud para comenzar con el proceso de beatificación de la que fuera séptima sucesora de Madre Angelita.

En este momento, se empiezan a recopilar las pruebas y los testimonios que posibiliten que Madre María de la Purísima pueda ser declarada venerable. De los archivos de las hermanitas empiezan a emanar un sinfín de cadenas de favores recibidos por la gracia de Madre, "impresionantes calderillas de milagros", como las define Francisco Muriel, uno de los delegados diocesanos de la beatificación.

Pero faltaba ese milagro que culminara todo el proceso. Y llegó. La protagonista es una niña de La Palma del Condado (Huelva) que, según dictamina la causa de la beatificación, recuperó la salud tras la intercesión de Madre María de la Purísima. Ana María Rodríguez Casado, la niña del milagro, nació con una cardiopatía congénita y sin vena cava inferior. A los 13 meses de edad los médicos tuvieron que instalarle un marcapasos.

La noche del sábado 24 de enero de 2004, a las 21:30, cuando Ana María contaba con 3 años de edad, se desvaneció en los brazos de su madre. "Llevaba más de una semana con fiebre. La llevé al médico pero me dijo que era un virus. Cuando llegué a casa me comentó que se encontraba muy mal. Pensé que se había muerto. Se puso completamente morada y no respiraba", cuenta Paloma Casado. Tras una primera visita al centro de salud del pueblo, donde consiguen reanimarla, comienza un angustioso e interminable viaje en ambulancia camino del hospital Virgen del Rocío de Sevilla. "La niña llegó en unas condiciones pésimas al hospital", asegura Manuel Nieto, jefe del equipo médico que trató a Ana María. Se le había roto el cable del marcapasos provocándole una parada cardiorrespiratoria. Había sufrido el síndrome de stock adam, permaneció intubada con un edema agudo de pulmón y la falta de oxígeno en el cerebro le provocó una serie de importantes secuelas neurológicas. Dos días después, los médicos consiguieron conectarla de nuevo a un marcapasos. Ana María había salvado la vida, pero no era la misma. "Su llanto era distinto, era más un quejido. Tenía los ojitos abiertos pero totalmente idos", explica la madre.

Ana María recibió el alta médica el 10 de febrero. El neurólogo que la trató le advirtió a la madre que le quedarían secuelas, pero que era pronto para diagnosticar. La niña volvió a su casa en una silla de ruedas, sin hablar, "desconectada del medio". No conocía a nadie. "Cuando volvimos a casa tenía la esperanza de que en un entorno familiar se reencontrara con ella misma. Me resistía a pensar que pudiera quedarse así. No lo podía aceptar".

"Estaba totalmente desconcertada. Siempre le había tenido mucha devoción a las Hermanas de la Cruz y tenía mucha ilusión de que vinieran a ver a Ana María". Dos monjas fueron a su casa y de una carpeta que llevaban sacaron una estampa de Madre María de la Purísima. "Yo no sabían quien era, pero me dijeron que me encomendara a ella. Cogí la estampa y dije: Si eres santa sólo te pido que mi hija me vea y me conozca. No te pido más. Aunque se quede en la silla de ruedas, pero que esos ojitos me vean". Ana María le dio un beso a la imagen y le pasó la foto por la cabeza. Tras rezar, las hermanas se marcharon prometiendo volver al día siguiente para hacer una novena. Minutos después, Paloma escuchó la voz de su hija: "Mamá Paloma", exclamó primero. "Abuela Dolores", dijo después. "Hubo una mejoría instantánea. Salí a la calle corriendo, gritando que era un milagro".

Pero la recuperación no quedó ahí. Ana María le pidió a su padre que la ayudara a levantarse de la silla de ruedas. La niña, aunque había mejorado notablemente, aún no era capaz de mantener una conversación. "Le hice una novena a Madre María de la Purísima y al pasar unos días mi padre pasó por casa y la escuchó hablar perfectamente. La niña tenía la estampa de Madre en la mano y le dijo 'ella es la que me ha curado'".

El 19 de febrero, Ana María y su madre acudieron a la consulta del especialista, y en el pasillo coincidieron con el neurólogo, que no reconoció a la niña hasta que la madre le refrescó la memoria. A solicitud del galeno, Ana María fue sometida a diversas pruebas para comprobar el funcionamiento de sus sentidos y coordinación, entre otras actuaciones. El equipo médico, impresionado y sorprendido ante su evolución, manifestó que su curación había sido "excepcional, no previsible y difícilmente explicable".

Ana María, que ahora tiene 10 años, vivirá mañana uno de los días más importantes de su vida. Hará la primera comunión en la ceremonia de beatificación de quien, según quedo especificado por la Congregación para las Causas de los Santos, obró el milagro de su sanación. "Para mí, Madre María Purísima es mi mejor amiga", resume Ana María.

Una asombrosa curación que los médicos no saben cómo explicar

"Fue algo excepcional. Una evolución en ningún caso previsible", expresa con rotundidad Manuel Nieto, jefe de los servicios médicos que atendieron aquella fría noche de enero a la pequeña Ana María en el Virgen del Rocío. Este veterano galeno aún no se explica lo que sucedió con Ana María: "Las cosas estaban muy claras desde el punto de vista del diagnóstico. Hubo una parada cardíaca provocada por el rotura de un catéter del marcapasos. El cerebro se quedó sin oxígeno". El tiempo que la pequeña tardó en llegar al centro de salud hubiera sido suficiente para que las secuelas hubieran sido irreversibles. A esto hay que sumarle el trayecto y los casi 90 minutos que tardó la ambulancia en llegar al Virgen de Rocío: "La niña llegó en condiciones muy malas con un fallo multiorgánico. En estos casos suele haber secuelas. Fue algo excepcional, pero determinar si es un milagro o no es labor de la Iglesia".

Paloma Casado. Madre de Ana María

"Conocía a Dios de oídas. Ahora he entrado en el camino. Lo estoy descubriendo". Así se expresa Paloma Casado, madre de Ana María, la niña del milagro de Madre María de la Purísima. Para ella hay un antes y un después de aquella experiencia. Confiesa que siempre ha tenido "temor a Dios" más que "amor a Dios", fruto, quizás, de la experiencia inculcada por su abuela: "Yo no era muy creyente porque no podía entender por qué había que temer a Dios". Su encuentro con Madre María de la Purísima le cambió la vida. Nunca escuchó hablar de ella hasta que dos hermanas de la cruz fueron a su casa para reconfortar a su hija. "Ahora es mi intercesión para llegar a Dios. Los más grande en mi vida es Dios, pero María de la Purísima es una aliada al que me aferro en los momentos difíciles, y también en los de alegría". Tanto ella como Ana María consideran a María de la Purísima como alguien "muy especial". "Para mi hija es como esa mejor amiga que sabes que nunca te va a fallar". El próximo domingo será un día muy especial para toda la familia, pero especialmente para Ana María, quien recibirá la primera comunión en la ceremonia de beatificación: "Está muy nerviosa porque es un acontecimiento muy esperado. Ella sabe que lo más importante es tomar el cuerpo de Cristo". Lo que sí tiene claro Paloma Casado es que desde aquel encuentro con Madre María de la Purísima le ocurren cosas extrañas todos los días: "Y en la vida puede haber casualidades, pero no tantas".

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