Sonia Díaz Rois, coach: "Cuando nos acostumbramos a planificar cada paso, la improvisación nos da vértigo" y se produce un choque en la pareja
Investigación y Tecnología
Nos sentimos inseguros cuando algo se sale de lo que teníamos establecido
Una experta en gestión del enfado: "Cuando dejas de aferrarte a cómo deberían ser las cosas, todo cambia"

El control y la organización forman parte de nuestro día a día. Tenemos tantas cosas por hacer, todo controlado o, al menos, así lo creemos que cuando algo da un giro y nos cambia todo nos invade la frustración, pero el problema no es esa vuelta de última hora sino la sensación de perder el control. Nos sentimos inseguros cuando algo se sale de lo que teníamos establecido y nos produce tensión, enfado e, incluso, reproches. ¿Y sobre quién dejamos caer todo el peso de la responsabilidad? Sobre nuestra pareja, pero que las cosas no hayan salido como queríamos no es problema de la otra persona, sino de nosotros por no saber gestionar esos cambios de última hora.
"Cuando nos acostumbramos a planificar cada paso, la improvisación nos da vértigo", manifiesta la coach experta en gestión de la ira, Sonia Díaz Rois, y autora del libro Y si me enfado, ¿qué? (2024). La planificación es una herramienta poderosa para el éxito, pero cuando se convierte en una necesidad absoluta, cualquier imprevisto se percibe como una amenaza. Por tanto, aferrarse a ese control puede provocarnos ansiedad cuando algo se sale del guion, llenándonos de frustración porque la realidad no encaja con las expectativas creadas, lo que nos va a crear una respuesta automática de malestar. Sin embargo, aceptar que no todo puede ser previsto abre la puerta a una mayor tranquilidad y flexibilidad mental.
Cuando la planificación y la improvisación se enfrentan en pareja
Las diferencias en la forma de abordar la organización pueden generar tensiones en la relación. Si una persona necesita estructura y planificación para sentirse en calma, mientras que la otra prefiere dejar espacio a la espontaneidad, es probable que surjan conflictos. Quien planifica puede percibir que su pareja no se toma las cosas en serio o deja todo al azar. Por otro lado, la persona más espontánea puede sentirse agobiada por tanta rigidez y preguntarse por qué tanto estrés si, al final, todo suele resolverse.
Con el tiempo, quien se molestó por la falta de planificación puede reconocer que las cosas terminaron saliendo bien sin necesidad de controlarlo todo.
"La flexibilidad mental es una habilidad que se puede entrenar"
Por otra parte, debemos tener en cuenta que improvisar no es actuar sin pensar, ni actuar de manera irresponsable o con falta de orden, sino tener la capacidad de adaptarnos a las circunstancias cuando cambian. Debemos aprender a responder de manera flexible a lo inesperado, ya que esto nos va a ayudar a encontrar un punto medio en el que ambas posturas puedan convivir en armonía.
Cuando entendemos que no podemos controlar todos los factores externos, pero sí nuestra actitud frente a ellos, la vida se vuelve menos estresante. Los imprevistos dejan de ser un obstáculo y se transforman en oportunidades para desarrollar resiliencia y creatividad.
Aprender a ser más flexibles
La flexibilidad mental es una habilidad que se puede entrenar. Comprender que la vida no sigue una línea recta y que adaptarse a los cambios nos ayuda a reducir el estrés y la frustración. Cuestionar nuestras expectativas y reconocer que lo que nos molesta muchas veces no es el cambio en sí, sino lo que imaginábamos que sucedería, también es un ejercicio valioso.
"Comprender las necesidades del otro es un primer paso esencial"
Tomar una pausa antes de reaccionar puede evitar conflictos innecesarios. Darse un respiro permite analizar la situación desde otra perspectiva y comprender que una alteración en los planes no siempre es negativa. Cambiar el enfoque y preguntarse qué puede haber de positivo en una situación inesperada facilita la adaptación.
Incorporar pequeñas dosis de improvisación en la rutina diaria también es una manera de entrenar la flexibilidad. Cambiar el camino al trabajo, cocinar sin receta o aceptar un plan de última hora son formas sencillas de desarrollar una mentalidad más abierta al cambio.
Construir acuerdos en pareja
Cuando estas diferencias generan conflictos en la relación, es fundamental:
- Reconocer que no hay una única manera correcta de hacer las cosas. No se trata de imponer un estilo sobre otro, sino de encontrar un equilibrio en el que ambas personas se sientan cómodas.
- Comprender las necesidades del otro es un primer paso esencial. Mientras que la persona previsora encuentra seguridad en la estructura, la que improvisa necesita libertad para sentirse bien. Ninguna postura es errónea, sino que cada una responde a diferentes formas de gestionar la vida.
- Expresarse con respeto es clave para evitar malentendidos. En lugar de reaccionar con frustración o críticas, compartir abiertamente lo que cada uno necesita permite construir acuerdos saludables.
- Repartir tareas según las fortalezas de cada persona también ayuda a mejorar la dinámica de pareja. Quien disfruta organizando puede encargarse de aspectos que requieren planificación, mientras que la persona más flexible puede asumir situaciones donde la adaptabilidad sea clave.
- Lo más importante es buscar un punto intermedio. La persona que planifica puede trabajar en su capacidad de adaptación, y la que improvisa puede hacer un pequeño esfuerzo por estructurar ciertos aspectos. No se trata de que uno gane y el otro pierda, sino de construir una relación equilibrada donde ambos se sientan comprendidos y respetados.
Al final, lo esencial no es que todo salga como se esperaba, sino aprender a gestionar lo que sucede cuando los planes cambian. Cultivar la capacidad de adaptación no solo fortalece la relación de pareja, sino que también contribuye al bienestar emocional de ambos.
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