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Enojo, frustración, irritabilidad, dificultad para concentrarse, ansiedad, depresión, hambre o aumento de apetito son algunos de los síntomas que se manifiestan con el síndrome de abstinencia del tabaco.
La nicotina es adictiva y desprenderse de ella es difícil para muchas personas quienes, cuando deciden dejar de fumar, experimentan estas y otras reacciones en su cuerpo, desconocidas y que no saben muy bien cómo afrontar. La Organización Mundial de la Salud (OMS) asegura que el asesoramiento y la medicación pueden duplicar las probabilidades de éxito de abandonar el tabaco.
En este sentido, la este organismo recuerda que "la epidemia de tabaquismo es una de las mayores amenazas para la salud pública que ha tenido que afrontar el mundo. Causa más de 8 millones de muertes al año en todo el mundo. Más de 7 millones de estas defunciones se deben al consumo directo de tabaco y alrededor de 1,3 millones son consecuencia de la exposición de no fumadores al humo ajeno".
La revista Medlineplus cuenta paso a paso qué va ocurriendo en el cuerpo cuando dejas de fumar:
Al dejar de fumar, tu cuerpo empieza a experimentar una serie de beneficios tanto para la salud física como para la mental. Empezando por que tus pulmones comienzan a recuperar su función, reduciendo significativamente el riesgo de desarrollar enfermedades pulmonares crónicas y cáncer de pulmón.
Por lo que pasado tan solo unos días después de haber abandondado el hábito, notarás que empiezas a percibir mejor los sabores y olores. "A veces ni siquiera se daban cuenta de que habían perdido el olfato y el gusto", afirma Humberto Choi, neumólogo de la Clínica Cleveland (Estados Unidos) para el portal National Geographic.
"Muchos exfumadores experimentan una mejora en la capacidad de concentración, memoria y productividad"
En pocos meses, la circulación sanguínea mejora, lo que ayuda a reducir el riesgo de infartos, derrames cerebrales, así como también enfermedades cardiovasculares, seguido de un menor riesgo de desarrollar ciertos tipos de cánceres y la piel recupera su brillo natural y su elasticidad.
Ya hemos visto los beneficios que tiene para el organismo y para reducir las probabilidades de padecer enfermedades. Sin embargo, al superar la dependencia y la adicción, la mente también lo nota ya que logra entrar en un estado de mayor calma y estabilidad emocional. Parece una idea contradictoria, siempre concebida, de que "el tabaco relaja", pero no es así. La nicotina altera los químicos cerebrales, y al dejarla, el cerebro vuelve a un equilibrio más saludable.
En este sentido, muchos exfumadores cuando se desprenden del hábito de fumar experimentan una mejora en la capacidad de concentración, memoria y productividad ya que la liberación y la independencia del tabaco, te permite tener más energía, mejor calidad de vida y una mayor sensación de bienestar.
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