¿Qué es la inflamación de bajo grado y qué consecuencias puede tener para la salud?

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La inflamación de bajo grado no se ve, ni se siente, pero altera nuestro sistema inmune

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Inflamación de bajo grado
Inflamación de bajo grado / Freepik

La inflamación como tal es un mecanismo de defensa natural del organismo que se activa ante infecciones, lesiones o agresiones externas. Sin embargo, cuando este proceso se mantiene de manera crónica y discreta, sin síntomas evidentes, hablamos de inflamación de bajo grado que, a diferencia de la aguda, la de bajo grado es más sutil y persistente, pero sus efectos pueden ser devastadores a largo plazo.

La inflamación crónica de bajo grado no se ve, ni se siente, pero altera nuestro sistema inmune, generando un estado inflamatorio en nuestros tejidos, como por ejemplo del corazón, riñón, hígado, estómago e intestino. Con el tiempo, se genera lo que se llama inmunosenesencia, es decir, que varias células de nuestro sistema inmunitario se transforman en 'células zombies' que son aquellas que, además de no trabajar, generan sustancias inflamatorias. Según el doctor Miguel Garber de la Clínica Planas, "la inflamación de bajo grado es un estado inflamatorio totalmente diferente al de la inflamación aguda, que es la que nos produce dolor, molestia, y suele ocasionar calor en el área". Veamos qué factores puede favorecer su aparición y cuáles serían las consecuencias para nuestra salud.

Factores que favorecen la inflamación de bajo grado

La inflamación de bajo grado suele estar impulsada por factores de nuestro propio estilo de vida, tales como la alimentación la cual juega un papel clave, ya que una dieta rica en azúcares refinados, grasas trans y alimentos ultraprocesados puede generar un ambiente proinflamatorio en el cuerpo. Esto se explica porque al tener un exceso de glucosa en la sangre va a fomentar la producción de moléculas inflamatorias, mientras que el consumo de grasas poco saludables va a alterar la función de nuestras membranas celulares y a promover el estrés oxidativo de las mismas. Por otro lado, la falta de fibra y antioxidantes que nos aportan las frutas, verduras y legumbres también va a impedir la neutralización de los radicales libres, contribuyendo, por tanto, al daño celular y a esa inflamación persistente.

Otro factor determinante es la obesidad, ya que el tejido adiposo, especialmente el que se acumula en la zona abdominal, actúa como un órgano endocrino que produce sustancias inflamatorias. La adiponectina, una hormona con propiedades antiinflamatorias, disminuye en personas con sobrepeso, mientras que la interleucina-6 y el factor de necrosis tumoral alfa, ambos proinflamatorios, aumentan en proporción al exceso de grasa corporal. Además, la inactividad física agrava la inflamación de bajo grado, ya que el ejercicio regular ayuda a modular la respuesta inflamatoria y a mejorar la sensibilidad a la insulina en nuestro organismo.

El estrés crónico también desempeña un papel crucial en la perpetuación de la inflamación. La producción constante de cortisol, la hormona del estrés, altera el equilibrio del sistema inmunológico y contribuye a la activación continua de vías inflamatorias. Asimismo, la falta de sueño y la exposición a contaminantes ambientales, como metales pesados y partículas ultrafinas, incrementan la carga inflamatoria del organismo. Factores psicosociales, como la ansiedad y la depresión, también se han vinculado con un aumento en la producción de citocinas inflamatorias, lo que refuerza la conexión entre el bienestar emocional y la salud física.

Consecuencias y estrategias para reducir la inflamación de bajo grado

Las implicaciones de la inflamación de bajo grado en la salud son profundas y variadas. Se ha identificado como un factor clave en el desarrollo de enfermedades cardiovasculares, ya que contribuye a la disfunción endotelial y a la formación de placas de ateroma en las arterias. También se asocia con resistencia a la insulina y diabetes tipo 2, pues interfiere con la capacidad del cuerpo para metabolizar la glucosa de manera eficiente. En el ámbito neurológico, la inflamación crónica está implicada en trastornos como el Alzheimer y la depresión, debido a que afecta a la comunicación neuronal y promueve la degeneración de estructuras cerebrales.

Para contrarrestar la inflamación de bajo grado, es fundamental adoptar un estilo de vida antiinflamatorio, empezando por la introducción de alimentos que nos hagan mantener una dieta mediterránea, rica en grasas saludables como el aceite de oliva y el omega-3 presente en el pescado, las cuales han demostrado tener efectos beneficiosos en la reducción de marcadores inflamatorios. También es clave el consumo de alimentos con propiedades antiinflamatorias, como el jengibre, la cúrcuma con pimienta negra, los frutos rojos y las verduras crucíferas. Mantener un peso saludable mediante una alimentación equilibrada y ejercicio regular ayuda a modular la producción de citocinas inflamatorias y a mejorar la función metabólica.

La actividad física desempeña un papel protector, ya que el ejercicio aeróbico y de resistencia contribuye a reducir la inflamación sistémica. La práctica regular de técnicas de relajación, como la meditación y el yoga, disminuye la producción de cortisol y favorece el equilibrio del sistema inmunológico. Asimismo, garantizar un descanso adecuado y mejorar la calidad del sueño es esencial para la regeneración celular y la reducción del estrés oxidativo. La exposición a la naturaleza, la conexión social y la gestión de emociones también influyen en la modulación de nuestros niveles de inflamación, evidenciando la estrecha relación entre cuerpo y mente.

La inflamación de bajo grado es un fenómeno silencioso, pero poderoso que influye en la aparición y progresión de múltiples enfermedades crónicas. Afortunadamente, con cambios en la alimentación, el ejercicio y el manejo del estrés, es posible reducir su impacto y mejorar la calidad de vida. La prevención y el conocimiento sobre este proceso son herramientas clave para promover una salud óptima y un envejecimiento saludable.

Referencias bibliográficas:

Clínica Planas (2025, 4 de marzo). ¿Qué es la inflamación crónica de bajo grado?

Revista Lationamericana de Hipertensión (2022). Inflamación crónica de bajo grado y riesgo cardiovascular.

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