Antonio Alaminos López

La quinta recluta a los jóvenes

07 de agosto 2021 - 05:00

La quinta ola de la pandemia recluta a los jóvenes es una expresión que fácilmente podemos comprender todos, pero especialmente los que, en su día, hicimos la mili. La quinta ola se expande afectando a numerosos jóvenes. Y, la verdad, es que escribir sobre ello cuesta, la inspiración se desafina y hace que las muchas historias que contar y los sentimientos que transmitir jueguen al escondite. Al intentar hablar sobre cuestiones que quieren incidir en la normalidad, aparecen los que ya no están, los que luchan con la enfermedad y sus secuelas, las mascarillas y vacunas, las noticias y comentarios, los futuribles e incertidumbres. Pero siempre hay que procurar pensar en cómo poner los granos de arena necesarios para que sea la parte positiva la que cunda y que la parte trágica no se nos lleve por delante. Los mayores miramos con gran recelo las reformas laborales y de las pensiones, pasadas y futuras. Y muchos jóvenes están sin trabajo o con trabajos precarios. El mandato de productividad no se ha retirado, simplemente ha cambiado de objeto. En el fondo seguimos como confinados, pero mentalmente, cosa que no favorece nada y nos retira de muchas actividades. La pandemia está marcando un cambio en la manera de enfocar la existencia, porque la situación perjudica, ya no sólo al ámbito más cercano, sino a la cultura occidental y a sus valores humanistas, trascendentes y filosóficos, tratando de orillarlos. Es ahí cuando hay que elevar, con insistencia, la mirada. Es fundamental. Vaticinar, que volver atrás va ser muy difícil, se presenta como muy fácil. El tiempo de esta peste es una situación única e inédita en la vida de todos. Las artes y las creencias aportan el optimismo que pueden a la sociedad. También el voluntariado, el compromiso social, el cuidado del medio ambiente y el servicio a los demás. Y el ejercicio, el contacto con la naturaleza y la alimentación sana han entrado de lleno en el día a día. Todo esto nos hace pensar y valorar más las relaciones sociales, laborales y, sobre todo, las familiares. Pues, dentro de que los jóvenes se quejan de no ser atendidos en sus demandas, pienso, quizás ahora que soy el maestro más viejo de mi colegio, que el sufrimiento lo llevan profundamente las personas mayores, desde las variadas situaciones de la vida. Hoy las letras parece que no quieren juntarse para hablar de las vacaciones, de los Juegos Olímpicos, del precio de la luz o del inicio del curso en septiembre. Otra vez será.

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