La Sevilla de las chapuzas

La aldaba

En esta ciudad las losetas bailan como los caballos andaluces, retorna el alquitrán a la Avenida

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La obra de urgencia en la Avenida en imagen de la semana pasada.
La obra de urgencia en la Avenida en imagen de la semana pasada. / M. G.

02 de abril 2025 - 04:00

En el centro de Sevilla hay baldosas que bailan como los caballos andaluces. La lista de plazas y calles con el pavimento movedizo es extensa. Ahora han tenido que levantar el firme del carril del tranvía para poner alquitrán. ¡Retorno a la Sevilla de los años 70 y 80! Volvemos a la capa de alquitrán como solución de urgencia. Después de Semana Santa ya se verá otra solución más adecuada. ¿Cuánto ha durado la obra de la Avenida? Quince años mal contados. ¿Cuánto duró la obra de la calle Zaragoza? Cuatro meses. La Sevilla de las chapuzas no es exclusiva de ningún color político. Aquí no dura ni la millonaria restauración del Giraldillo. Doce años después de una revisión y casi veinte después de los minuciosos trabajos realizados por el Instituto Andaluz de Patrimonio (IAPH), no hace falta más que la observación para confirmar que el Giraldillo... gira poco. La excelencia en el acabado de los trabajos pasa de largo como el premio de Lotería cuando se trata de las grandes obras de esta ciudad. Aquí levantan una calle y hay que echarse a temblar porque lo más probable es que haya que ponerla patas arriba de nuevo en poco tiempo, bien porque no se han coordinado a la hora de renovar las redes de algún suministro, bien porque se ha perpetrado directamente una chapuza.

La Avenida no es ahora más habitable porque sencillamente no tiene sombra. Es cierto que se ha suprimido el tráfico rodado, pero la factura que se ha pagado es muy alta: sin árboles y con demasiado espacio hurtado precisamente al peatón. En los meses de calor, que no son pocos, es insufrible. Los de siempre nos preguntarán si preferíamos una Avenida cargada de coches y autobuses con una polución que ennegrecía la Catedral y provocaba una arenización de la piedra del templo metropolitano. No, claro que no. Tampoco preferíamos la laguna encharcada de la Plaza de la Encarnación donde estaban empadronadas las ratas. Pero eso no justificaba determinado proyecto urbanístico que, al final, hemos hecho nuestro porque los sevillanos tenemos inteligencia natural, no artificial. Los malos proyectos obligan al parcheo continuo. Las negligencias deben ser pagadas por la siguiente generación. Ya ocurrió antes que con la Avenida con el pavimento de pizarra gallega de Alemanes y la Plaza de la Virgen de los Reyes, ¿recuerdan? Se rajaba al paso de los coches de caballo y además era churretoso. Ahora vuelve el alquitrán. Tiene su gracia. ¿La historia se repite o es que sencillamente es la misma? La de comercios caídos que provocó la obra de la Avenida, aquel tiempo en que Sevilla parecía una ciudad bombardeada. Menos mal que el alquitrán es provisional. O eso dicen. Échenle guindas al pavo. Esperen sentados hasta la siguiente chapuza. De los actuales mandarines o de los anteriores. Tanto monta, monta tanto.

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