No salimos más fuertes

Este eslogan que ofende a las víctimas y a la razón no es fruto del desprecio por la vida, sino de la estupidez

29 de mayo 2020 - 02:32

Sabemos por quién doblan las campanas: por los fallecidos a causa del coronavirus. Pero no por cuantos. ¿Por cuántas víctimas de la pandemia están las banderas a media asta o se celebrarán exequias? ¿Por 27.118? ¿Por 38.000? ¿Por 43.000? Aun admitiendo las dificultades para establecer el número exacto de fallecidos, una diferencia de 16.000 personas es llamativa. Tras la Primera Guerra Mundial, las ciudades europeas se llenaron de monumentos al soldado desconocido. Visto el baile de cifras, el luto nacional podría estarse celebrando también por 16.000 víctimas desconocidas.

En esta situación, con el presente cierto de 27.118 muertes, el horizonte más que posible de 43.000 y las perspectivas de una gravísima crisis económica, encuentro inmoral y ofensivo el lema "Salimos más fuertes" lanzado por el Gobierno. No salimos más unidos, y a la vista está la caníbal bronca política que nos debilita cuando más necesaria sería la unión. Y desde luego, no salimos más fuertes. Sólo los totalitarios, los imperialistas, los locos o los canallas -y los intelectuales y artistas que tienen mucho de los dos últimos- aman la guerra como una depuración que elimina a los débiles y hace resurgir más fuertes -depuradas- a las naciones. El vanguardista italiano Marinetti hizo el tan famoso como repugnante elogio de la guerra en su Manifiesto Futurista: "Queremos glorificar la guerra, única higiene del mundo, el militarismo, el patriotismo, el gesto destructor de los anarquistas, las ideas por las cuales se muere y el desprecio por la mujer". Cuando más tarde le preguntaron por ello, dijo: "Creo que los pueblos deben observar una constante higiene de heroísmo y darse todos los siglos una gloriosa ducha de sangre". Lógicamente, después fue un entusiasta del fascismo.

Algo de ello hay en el desafortunado "Salimos más fuertes". Involuntariamente, desde luego. Más próximo tal vez al rudo "lo que no mata, engorda". ¿Es realista, además de ético, decir que salimos más fuertes tras entre 27.000 y 43.000 muertes, dos meses de reclusión y el consiguiente parón de la economía que provoca la crisis económica más grave en décadas, sin mayorías de gobierno estables y con un enfrentamiento feroz entre los partidos liderados por mediocres? Desde luego que no. Este eslogan que ofende por igual a las víctimas y a la razón no es fruto del desprecio por la vida, sino de otro mal: la estupidez.

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