
La aldaba
Carlos Navarro Antolín
La ciudad merece una Santa Justa mejor... y sevillana
Un día cualquiera. La radio puesta, como de costumbre, compañía discreta que permite trabajar y hacer faenas. Y de pronto, la saeta de Centeno: “Silencio pueblo cristiano, / aquí tenéis al redentor / con esa cruz tan pesada / redimiendo al pecador / con los tormentos que le daba”. Y parece que vemos desplegarse la pancarta del Rincón del Nazareno en la calle San Esteban; que huele a miel, a vino, a canela y a incienso; que crecen las enredaderas de luz de los altares de triduos, quinarios y septenarios; que se oyen cepillos y brochas limpiando plata en las casas de hermandad; que las túnicas quieren salirse de los armarios; que se revisan previsoramente capirotes, sandalias, manoletinas, espartos; que las sagradas imágenes buscan la proximidad, el calor, el gesto de amor de los besamanos.
Se oye la saeta de Centeno anunciando la próxima emisión de Saeta, la “revista hablada de la Semana Santa” que este 2025 cumple 70 años, y parece que los días de alargan, que las mañanas son más transparentes y los atardeceres más dulces, que los naranjos se cuajan de botones blancos urgidos por abrirse y desplegar su minúscula belleza concepcionista; que en el escaparate de La Campana desfilan nazarenitos y en el de casa Damas están los tres LP de Pax con marchas de Semana Santa y los singles de Alhambra: el de Amargura e Ione con portada de las Cinco Llagas, el de Virgen del Valle y Jesús de las Penas con la Macarena, el de Virgen de las Aguas y Corpus Christi con el Cristo de la Fundación, el de Pasa la Macarena y Saeta cordobesa con la Virgen del Valle, el de Estrella Sublime y Rocío con el Gran Poder; que en los escaparates de la Librería Sanz han vuelto a poner, como todos los años, Sevilla en los labios, Una tarde en el Gólgota al morirte, Cruz de Guía, Cómo llora Sevilla y el grueso programa con sobrecubiertas de papel de seda de El Correo de Andalucía.
Pero esa Cuaresma y esa Semana Santa ya no existe más que en tus recuerdos, se me dirá. Es la mía, contestaré.
¿Acaso hay algo más íntimamente nuestro que los recuerdos, algo más irrenunciablemente nuestro que lo vivido, algo que dé más gozo que reencontrarlo? Mateo 13, ya saben: en esta Semana Santa en la que tantos “miran sin ver y escuchan sin oír ni entender” hay que ser como el comerciante de perlas finas que al encontrar una de gran valor vende todo lo que tiene y la compra.
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