Importancia de los bares

03 de abril 2025 - 03:07

En ninguna ciudad de España se le presta tanta atención a los bares como en Sevilla. Para bien y para mal. Existe una relación de amor y odio con el sector de la hostelería. A veces los presentan como si fueran ángeles. Y a veces como si fueran demonios. Probablemente, sería más justo si no lo viéramos así. Ni blanco, ni negro. En Sevilla los bares son muy importantes. No sólo para el empleo y los negocios. No sólo para el turismo. También forman parte de la cultura y las costumbres sevillanas. Y, además, hay algunos con siglos de historia, como El Rinconcillo y Casa Morales, que en sí mismos forman parte del patrimonio histórico y artístico de la ciudad.

Los bares atienden a sevillanos y turistas. Creo que ese es un componente del odio que le profesan algunos, sin más argumento que la injusticia y la incomprensión. En las tardes de Cuaresma, viendo las largas colas de guiris en la esquina de la calle Gerona para entrar en El Rinconcillo, algunos piensan que estamos perdiendo las esencias. En este local, y en otros, en algunos momentos, puede que la clientela sea extranjera en más del 50%. Sin embargo, eso no significa que los sevillanos hayan sido marginados. Siguen acudiendo, como siempre.

En Casa Morales, Reyes y su marido Juan Carlos tuvieron las ideas claras. No todos prefieren una taberna a una farmacia, como ella, que estudió y ejerció esa carrera. De las tertulias y las reuniones con el conde de las Natillas y el marqués de las Cabriolas, que se recuerdan en la historia mítica del folklore costumbrista, no se ha pasado a una turistificación sin alma sevillana. Por el contrario, debemos asumir que son otros tiempos, y no se puede vivir como en los años 50. Ya no hay poetas escribiendo versos en papelones de pescaíto frito, inspirados por el valdepeñas.

Aquí lo mismo se dice que vamos a sacar los tanques a la calle, que se protesta por los veladores, que cierran los bares para una procesión extraordinaria, que se dice que deben estar abiertos o cerrados para la Madrugada, que no se puede tomar café o chocolate con calentitos, cuando lo que no se puede beber es alcohol en dosis elevadas a altas horas. Pero detrás de las polémicas subyace una contradicción: esa relación incoherente de la ciudad con sus bares. Sin los cuales no se pueden explicar las relaciones sociales sevillanas.

Cuando se aproxima la Semana Santa, no se sabe por qué, las polémicas afloran con más fuerza. Los bares son esenciales en Semana Santa. Y no sólo para el negocio y el empleo, sino para el avituallamiento en esta fiesta mayor de la ciudad.

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