
Tribuna Económica
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Rutilante la primavera cuando dice aquí estoy yo, lo que en Sevilla se traduce en una descomunal catarata de sensaciones en la que se trufan colores y olores. Veíamos caer la tarde a través de la cristalera del Labradores y la fachada de San Telmo parecía como una paleta llena de colores atenuados que mutaba según el Sol iba en plena huida hacia la cornisa. La fachada principal del palacio que erigieron los Montpensier es la mejor superficie para reflejar la luz de Sevilla, que si en otoño se muestra atenuada, cuando la primavera estalla como estalló este sábado se convierte en una manifestación sensorial. Y ya, ausente el sol, la ciudad convertida en un inmenso viacrucis que era como el pistoletazo de salida para lo que está por venir. Formidable sabatina que justificaba con creces la dicha de vivir en Sevilla.
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