07 de septiembre 2024 - 03:08

Hagamos memoria: cuando en el otoño de 1997 en Telecinco se estrenaba Crónicas Marcianas para hacer frente a Pepe Navarro en una desorientada Antena 3, Javier Sardá, recién llegado de la SER, inspirado, recibió a su primera invitada, Maribel Verdú, presentándola como “la persona que más sabe de Maribel Verdú”. Era ingenio y elegancia. También en sus compañeros: el comedido señor Galindo, toda una sorpresa, y un joven imitador del que nadie sabía su nombre (Manel Fuentes) y que era presentado como “El señor sin personalidad”. Pasaron meses, años, hasta que apareciera Boris Izaguirre bajándose los pantalones, o que debutara con sus imitaciones provocadoras Carlos Latre.

La comedia necesita tiempo y tiento (sustantivo antiguo, pero exacto). La comedia es femenina: progresiva. Los buenos programas de y con humor necesitan que se vayan acelerando desde un punto moderado, buscando conocer al destinatario. Aceleración sin perder el ritmo. Modular la locura para saber cuándo se puede disparatar y que el espectador se sume cómplice. A veces sucede de pronto, pero la buena comedia, en ficción o en entretenimiento, necesita cálculo y también buscar el momento.

Nada de eso sucede con Carlos Latre y Babylon Show (un nombre viejuno), que imaginó un Crónicas Marcianas 2024 y le va saliendo un caos desbaratado. Las escuetas cifras que está registrando Telecinco a esa hora no son tanto por las virtudes de la competencia sino por esos graves errores propios. El espectador de esa franja le ha ido dando una oportunidad a Latre pero una gran mayoría ha huido desconcertada, aburrida e incluso decepcionada. Hace ya dos viernes que Babylon debió ser retirado para su revisión, cambio de conductores o cancelación. Es un fracaso del imitador castellonense. Y Latre nunca ha brillado como líder de un programa porque es un impagable secundario. Nada de eso parece que se había pensado cuando apareció Babylon Show con su circo como un rinoceronte en una cristalería.

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