
En cada lágrima
Pablo Colón Perales
Penas
Tiempo jubiloso el que se vive en la casa bética y que el domingo se multiplicó hasta cotas que algunos califican de excesivas. La borrachera anímica que se vivió cuando el mallorquín Busquets Ferrer dijo que aquello se había acabado fue una locura colectiva que hay quienes la cuestionan mientras que el resto la considera lógica. Y es que el fútbol, con sus cataratas de sensaciones, se trae estas desmesuras en su equipaje, conque...
Era demasiado tiempo sin la victoria que más gusto da y cuando se confirmó que el viento había virado de proa a popa, los sentimientos se desbocaron. Incluso entre protagonistas que jugaban su primer derbi y que nacieron allende la mar océana, la euforia se desbordó. Pero de todo cuanto ocurrió hay algo que debe reseñarse con rotundidad y es el que no hubiera malos rollos de esos que tantos registra la historia del derbi sevillano y eso es de agradecer.
Y ahora cuando toca dar carpetazo a la resaca y mirar al duro programa que ambos tienen este fin de semana, sólo cabe leer lo que deparó la partida del domingo. Y una de las circunstancias que hay que destacar es que convendría defender a García Pimienta de la oleada de descalificaciones que le está cayendo. Y yendo a la más cruda realidad es que si se mira a los 36 puntos que atesora el Sevilla hay que confirmar que esa cifra es un milagro para el equipo que le han dado.
Y echando la vista atrás, un servidor se acuerda de que tras la debacle en Valladolid circuló la especie de que el ciclo había concluido y que Manuel Pellegrini estaba amortizado. Pues vaya con la amortización del chileno, qué manera de hacer el ridículo con augurios como ese. Eso casi supera aquella desafortunada previsión de que con su contratación se repetiría la nefasta experiencia que hace un cuarto de siglo supuso el fichaje de Carlos Timoteo Griguol. Augurios...
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