Una velada dancística muy musical

Anabel Veloso, estilizadísima con mantón.
Anabel Veloso, estilizadísima con mantón.
Rosalía Gómez

29 de septiembre 2016 - 05:00

SECRETO A VOCES. Orquesta Bética de Cámara (dirigida por Michael Thomas) y Cia. Anabel Veloso. Idea original, dirección, coreografía y baile: Anabel Veloso. Coreografía: Anabel Veloso, con la colaboración de Andrés Marín y Jesús Carmona. Composición musical: Javier Patino, Diego Villegas, Dorantes y José Romero. Colaboración especial: Dorantes. Cante: Miguel Soto "El Londro" y Juan de Mairena. Guitarra: Javier Patino. Flauta, saxo y armónica: Diego Villegas. Percusión: Carlos Merino. Batería: Javi Ruibal. Iuminación: Antonio Valiente. Diseño de vestuario: Anuschka Brawn, La Doppia y Yaiza Pinillos. Audiovisual: Fernando Brea. Día: Martes, 27 de septiembre. Lugar: Teatro Central.

Anabel Veloso se presentó en la Bienal con su espectáculo Secreto a voces. En realidad, la almeriense es casi una asidua de esta cita, pero hasta ahora siempre lo había hecho con espectáculos dedicados a los niños en el Teatro Alameda.

Tanto en ellos como en éste, Veloso ha demostrado siempre que no escatima esfuerzos ante el público, cuidando al máximo cada detalle de la puesta en escena. En Secreto a voces, medio escenario está literalmente ocupado por los músicos, con la Orquesta Bética de Cámara a un lado y los flamencos al otro, así como por el piano (hay más de 20 personas en escena), pero ella enriqueció la propuesta escénica con un bonito audiovisual, que abrió y cerró el espectáculo, y con un magnífico vestuario -bata de cola incluida, diseñada por Yaiza Pinillos- que lució con la elegancia que la caracteriza.

El espectáculo contó con una música de excepción. Por una parte, la OBC que, dirigida por Michael Thomas, interpretó una hermosa y casi cinematográfica composición inédita de José Romero, uno de los más grandes e innovadores pianistas flamencos de la historia. Por otro, el invitado, David Peña Dorantes, que tuvo una brillante intervención al piano, sobre todo con su bulería Caravana de los Zincalí, acompañado por la batería de Javi Ruibal. Un activo de lujo que, sin embargo, al mantener su aislamiento (sólo hubo una pequeña colaboración de la OBC con la guitarra flamenca de Javier Patino) hizo que la pieza presentara dos partes demasiado diferenciadas.

La parte flamenca, también con un plantel de músicos y cantaores de primerísima categoría, estuvo protagonizada por el baile delicado de Veloso, más cerca de la escuela sevillana, con su gran estilización, que de las formas típicas de Granada y la Andalucía oriental. Mujer del siglo XXI, la almeriense alternó la bata de cola (en las alegrías) y el mantón con un llamativo traje pantalón blanco con el que se marcó una original guajira.

En cualquier caso, su mejor baile, en nuestra opinión, fue la soleá ("Para andar conmigo me bastan mis pensamientos"). En ella, arropada por sus cantaores y sus músicos, incluido el saxo siempre elocuente de Diego Villegas, contó Veloso sus más preciados secretos.

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