Rosas siempre frescas
LA DEL MANOJO DE ROSAS | CRÍTICA

La ficha
***Sainete lírico en dos actos con libreto de Anselmo C. Carreño y Francisco Ramos de Castro. Intérpretes: Carmen Jiménez, Andrés Merino, Juan A. Ortiz, Marta García-Morales, Amando Martín, Rafa Casette, Javier Sánchez-Rivas, Alicia Naranjo, Carlos Ortega, Joaquín Caballero, Jerónimo Vázquez, Lorenzo Fernández y Alejandro Caballero. Orquesta de la Compañía Sevillana de Zarzuelas. Dirección de escena: Marta García-Morales. Dirección musical: José Miguel Román. Lugar: Cartuja Center Cite. Fecha: Domingo, 16 de febrero. Aforo: Lleno (1.400 personas).
La mejor zarzuela de Pablo Sorozábal sigue igual de fresca que cuando se estrenó hace noventa años, esas rosas no se marchitan nunca. Y así se ha demostrado con esta nueva puesta en escena sevillana a cargo de la Compañía Sevillana de Zarzuela, que sostiene la llama de la afición por este género en Sevilla desde hace dieciséis años ante la ausencia del mismo en otras instancias. La escenografía y el vestuario son muy bellos y están muy cuidados en todos sus detalles, como los trajes de los figurantes. García-Morales, además de estupenda cantante especialmente brillante esta noche, se ha vuelto a reivindicar como sólida directora de escena que ha sabido aproverchar las dimensiones del escenario del Cartuja Center para mover con soltura y vistosidad a los personajes de manera que el perfil teatral esté plenamente delineado. Lástima que una serie de errores técnicos estropeasen el diseño de luces, con momentos de apagón en los que la orquesta tocó completamente a ciegas, transiciones abruptas y deslumbramientos repentinos.
Al final, Andrés Merino, como su personaje, se alzó con el triunfo de la función. Hay que recordar que la noche anterior estaba cantando la tercera función de Iphigénie en Tauride en el Maestranza alternando con los ensayos de la zarzuela. Y aún así la voz estaba fresca, redonda, con presencia en toda la sala, con ese timbre cada vez más sedoso que va tomando. Y con claridad en la articulación que permite que se le entienda perfectamente el texto. Su fraseo está siempre muy cuidado con sentido teatral. La Ascensión de Carmen Jiménez fue calentando poco a poco desde una voz algo mate hasta un sonido más timbrado en el segundo acto. Eso sí, con gran soltura escénica y gracia en la manera de frasear. Juan Antonio Ortiz (Ricardo) solventó con eficacia su parte, algo envarado sobre las tablas, pero con bonita voz de limitado volumen. Todo lo contrario que Amando Martín, tan brillante siempre como tenor cómico que se sabe mover perfectamente en escena y hacer que se le oiga por encima de los demás. En esta zarzuela es del todo impresindible contar con un actor que sepa vestir con desparpajo y comicida el personaje de Espasa. Rafa Casette cumplió con creces con esos parlamentos llenos de divertidos retruécanos, al igual que Javier Sánchez-Rivas en sus breves intervenciones. Buen cuerpo de baile y bellas coreografías.
Se ponía esta vez al frente de la dirección musical José Miguel Román, que mostró buena mano para hacer que la orquesta sonase con empaste, destacando algunos solos de mucha calidad en el clarinete y la trompeta. Román imprimió ritmo a los abundantes números musicales basados en danzas como el pasodoble, el chotis, la farruca, la habanera o el fox-trot, pero también sosteniendo el sonido delicado de las cuerdas en los momentos más líricos. Conclusión: una nueva fiesta de celebración de la vitalidad de la zarzuela.
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