Los amplios perfiles del alma musical rusa

ANNA NETREBKO | CRÍTICA

Anna Netrebko en una noche histórica del maestranza.
Anna Netrebko en una noche histórica del Maestranza. / Guillermo Mendo

La ficha

*****Programa: Obras de P. I. Chaikovski, S. Rajmaninov, N. Rimski-Korsakov, R. Leoncavallo, L. Delibes, F. Cilea, R. Strauss, V. Bellini, F. Chopin y S. Prokofiev. Soprano: Anna Netrebko. Mezzosoprano: Elena Maximova. Piano: Pavel Nebolsin. Lugar: Teatro de la Maestranza. Fecha: Viernes, 14 de febrero. Aforo: Lleno.

Recital histórico en el Teatro de la Maestranza. Desde los tiempos dorados de 1992 no pisaba su escenario una estrella del calibre mundial de Anna Netrebko. Y la rusa ha demostrado con amplísimas creces el trono del canto que ocupa en la actualidad y desde hace ya años con un recital exigente, comprometido, generoso (hasta dieciocho piezas vocales) y de estéticas variadas, si bien la dominante ha sido la música rusa para bien de cuantos por estas tierras vivimos en ayunas del repertorio lírico ruso. Un inciso: ¿veremos alguna vez en nuestro teatro Bodas en el monasterio, la deliciosa y divertida ópera de Prokofiev ambientada en Sevilla? Busquen por ahí un vídeo en el que canta una joven Netrebko y disfruten.

El caso Netrebko es excepcional en el panorama lírico actual. Si en sus primeros tiempos brillaba con una diamantina voz de soprano lígera, el paso de los (pocos) años ha ido transformando su timbre hacia perfiles más líricos y, en la actualidad, dramáticos. Pero sin por ello perder un ápice de una técnica descomunal que le permite ataques límpidos al agudo en pianissimo, dobles reguladores y saltos interválicos impolutos, a la vez que descensos al grave perfectamente apoyados, con resonancia y brillo. El centro es puro terciopelo, con ese color profundo netamente eslavo que evita la guturalidad frecuente en estas voces. No, la voz está fuera, firme, con capacidad de proyectarse incluso en las dinámicas más livianas.

Si inmejorables fueron sus momentos operísticos, especialmente su maravillosa Giuletta de Bellini (impresionante capacidad expresiva en el recitativo y final evanescente), cautivos y desarmados nos dejó con su manera de frasear las canciones rusas, con mil y un matices, abriendo y cerrando el sonido, cambiando los colores con sentido expresivo, con pasión desbordada a manos llenas. La línea de canto está cincelada sobre un legato delicadísimo y regulada con infinidad de matices, con el canto siempre a flor de labios, incluso en los pianissimi emitidos a media voz. Pero también hubo poderío sonoro, como en "Es gibt ein Reich" de Ariadne auf Naxos, rematado de forma muy delicada.

En sus dos intervenciones a dúo, Maximova fue la clásica mezzo rusa de voz profunda, timbre oscuro y emisión trasera. Espléndido Nebolsin, que pudo lucir dedos en un par de intervenciones a solo en el piano.

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