Bach según Bach es aún más Bach
ORQUESTA BARROCA DE SEVILLA | CRÍTICA

La ficha
****Programa: Suite nº 3 en Re mayor BWV 1068; Concierto para oboe d’amore y cuerdas en La mayor BWV 1055R; Concierto para violín y cuerdas en Mi mayor BWV 1042; Suite nº 2 en La menor BWV 1067a; Sinfonía de la cantata BWV 21; Concierto para violín, oboe y cuerdas en Do menor BWV 1060R, de Johann Sebastian Bach. Intérpretes: Ignacio Ramal (violín), Fumiko Morie (violín), José M. Navarro (viola), Mercedes Ruiz (violonchelo), Ventura Rico (contrabajo) y Alejandro Casal (clave y órgano). Oboe: Perdro Castro. Violín y directora: Mayumi Hirasaki. Lugar: Espacio Turina. Fecha: Viernes, 21 de febrero. Aforo: Lleno.
Además de un genio de la música y de una persona capaz de adentrase hasta los más recónditos escondrijos del alma, Johann Sebastian Bach fue también un hombre práctico. No le quedaba otra para vivir de la música y para sacar adelante a una familia ultra numerosa. De ahí el que recurriese frecuentemente a arreglar obras anteriores para darles otro uso, litúrgico o profano. Pero incluso en estos arreglos se puede adivinar su mano maestra que sabía hacer de la necesidad virtud.
Por lo tanto, resulta legítimo hacer lo mismo en la actualidad, es decir, arreglar algunas de su composiciones bien para buscar la versión original perdida, bien para adaptarse a los músicos disponibles. Así se ha hecho en este concierto con dos de las suites orquestales y algunos conciertos, para ofrecer a Mayumi Hirasaki y Pedro Castro la oportunidad de lucirse como solistas.
Con un instrumento por parte se gana en transparencia lo que se pierde en densidad de sonido. Así, pudimos disfrutar de todas las voces intermedias (especialmente la de la viola) con las que Bach enriquece las texturas, además de disfrutar del imaginativo y rico continuo de Alejandro Casal, especialmente en los tiempos lentos de los conciertos. Hirasaki, con un sonido algo áspero, mostró un dominio total del fraseo y de la ornamentación, con agilidad y velocidad en la digitación. Como directora gustó de huir de excesos en los ataques, con atención comedida a los contrastes dinámicos y agógicos. En este sentido, fue la excepción una soberbia Polonaise de la suite nº 2, llevada con ritmo muy marcado y con cambios de forte a piano muy expresivos. En las oberturas remachó bien las apoyaturas y las notas con puntillo, sin luego excederse en la articulación de las fugas. Pedro Castro, de sonido dulce y dorado sostenido sobre interminables frases sostenidas en un solo aliento, fraseó con gusto exquisito y con maestría en el uso de la ornamentación.
También te puede interesar
Lo último