Fiera, los 'luthiers' del punk

'Nocturama' ofrece esta noche un concierto del proyecto compartido por los también miembros de Pony Bravo, en el que dan rienda suelta a su faceta más áspera y ruidista

Francisco Camero / Sevilla

18 de agosto 2011 - 05:00

Cuando Pony Bravo empezaba a fraguar su prestigio, mientras su nombre corría de boca en boca entre los aficionados, antes de revelarse como uno de los grupos más brillantes de los últimos años en la escena rock española, en ese momento sus miembros trabajaban ya en unas canciones que asumían parte de la estética de Si bajo de espalda no me da miedo y otras historias y Un gramo de fe, esto es, el pulso rítmico del post-punk y una inclinación natural por la heterodoxia y la ironía corrosiva, pero que al mismo tiempo empujaban esos rasgos hacia registros más radicales y abstractos. Pablo Peña, Daniel Alonso, Darío del Moral y Javier Rivera tocaron por primera vez ante el público en modo Fiera hace tres años en Nocturama, ciclo al que regresan hoy (22:00, 5 euros).

"Será un concierto crudo y sin cortes, para dejar sin aliento. Además, hemos preparado algo diferente, una sorpresilla, algo que no habíamos hecho hasta ahora. Aunque no es un superespectáculo, no tiene nada que ver con Wildworking [un proyecto conjunto con Fran Torres, Roberto Martínez y Juan Luis Matilla, de la compañía de danza Mopa, que se pudo ver en marzo de 2010 en Zemos98]. Seguramente estrenaremos también alguna canción", explica Pablo Peña, bajista en Pony Bravo y centro de gravedad de Fiera.

El creciente protagonismo de Pony Bravo en la escena independiente ha privado a Peña y a sus compañeros de tiempo suficiente para componer nuevos temas, algo que no le preocupa ya que en contraste con su música, entre el ruidismo y la aspereza, entre el costumbrismo alucinado y la salvajada sonora, en el proceso creativo de Fiera "todo es un poco más relajado". "Van saliendo las cosas poco a poco. Puede que después de las próximas navidades grabemos algo nuevo. Es un proceso muy natural, no hay una línea trazada o una fórmula que diga esto es para Fiera, esto es para Pony", continúa.

En 2008, cuando en lugar de reaparecer para ofrecer un bis al uso los miembros de Pony Bravo tocaron en el tramo final de su concierto los temas de Fiera, el público quedó dividido. Hubo quien vibró, fascinado, pero también quien se sintió desconcertado, incluso levemente disgustado, por considerar que esas nuevas composiciones, incluidas posteriormente en el álbum Déjese llevar, suponían una deriva del talento del cuarteto, una ruptura del prodigioso equilibrio entre experimentación y tradición que entraña la apuesta de Pony Bravo. "En realidad lo entiendo", dice Peña, que vuelca en Fiera su pasión por los discos de Suicide, The Fall, Einstürzende Neubauten, Derribos Arias o Parálisis Permanente. "Fiera ha ido calando muy poquito a poco. Últimamente tenemos la suerte de encontrarnos con un público cada vez más culto musicalmente, que escucha muchas cosas y no se cierra a ningún estilo".

Es una condición sine qua non para disfrutar sus canciones, que responden a una concepción de la música como experiencia física. A instrumentos clásicos del canon rock como la guitarra eléctrica o el bajo, los sevillanos añaden un set de percusión fabricado por ellos mismos con chapas y cubos de metal de diferentes tamaños y texturas, paelleras, trozos de platos rotos, tubos de PVC y otros materiales que Peña recolecta en chaterrerías. Un modo de proceder, desde su misma génesis, que refuta la habitual vinculación entre experimentación y electrónica (o tecnología). "Se trataba de eso. Partimos de la música electrónica, o mejor dicho de la tecnología, de su utilización en la música, pero queríamos darle la vuelta a ese concepto, retorcerlo. Convertir el sonido asociado de las máquinas en algo manual, artesanal. Destripar un aparato y quedarnos con lo más básico, e intentar humanizarlo. De eso habla Fiera. Ésa es nuestra relación con la tecnología. Detrás de la chapa está la mano que la golpea".

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