Una mirada necesaria

Esencia | Crítica

Efi Cubero narra en 'Esencia' varias estampas biográficas de grandes artistas y, a través de ellas, la autora va también modelando de paso su propio autorretrato

Efi Cubero (Granja de Torrehermosa, Badajoz, 1949).
Efi Cubero (Granja de Torrehermosa, Badajoz, 1949). / D. S.
M. Ángeles Robles

29 de septiembre 2019 - 06:00

La ficha

'Esencia'. Efi Cubero. La Isla de Siltolá. Sevilla, 2019. 206 páginas. 12 euros

La escritura de Efi Cubero está desprovista de presunción. Como narradora, como poeta y como amante del arte se aproxima a la realidad a través de un interrogante, pero es su pregunta una interpelación comedida que intenta llegar al verdadero significado de las cosas, sin tregua pero sin estruendo. Ante una sociedad extremadamente preocupada por la inmediatez, en la que el circo económico, político y mediático nos apabulla con su farsa de causas noticiables, que suelen ocultar lo verdaderamente importante, Cubero nos propone una indagación personal trascendente y necesaria en su sencillez, reflexiva en su naturalidad.

Es Esencia un libro poco frecuente, difícil de clasificar, que se mueve entre los difusos límites del ensayo y del dietario personal. Cubero intercala en este libro retratos de autores clásicos de todos los tiempos con bosquejos y comentarios de la obra de artistas contemporáneos. Todos forman parte de la experiencia vital de la escritora –estudió Historia del Arte y es autora de ensayos y numerosas entrevistas a artistas plásticos–, que se relaciona con ellos con la atención que le merece un puñado de buenos amigos: de Velázquez a Antonio López, de El Greco a Jackson Pollock, por citar solo una muestra de una completa nómina.

Todos ellos son habitantes de un paisaje personal que la autora modela desde múltiples perspectivas. A través de estos textos no sólo conocemos detalles de los artistas que los protagonizan, también conocemos mejor a su autora. La vemos deambular por las calles de París o Madrid, bajo la lluvia melancólica o bajo un sol radiante. La seguimos por los pasillos de grandes museos, la vemos observar los cuadros y las fotografías colgadas en sus paredes; sentimos con ella la presencia inquietante del arte en sus más diversas manifestaciones; y también la oímos quejarse de las servidumbres del que se acerca al mundillo artístico desde una perspectiva profesional: "Cuando se asiste a demasiadas presentaciones o ruedas de prensa en torno a libros o exposiciones varias, se corre siempre el riesgo de resabio, de la mente preformada de antemano a lo que vas a leer u observar" (Aguas).

En constante diálogo con sus queridos artistas, Cubero considera el acercamiento a la obra de arte como una experiencia esencialmente personal que se sustenta, como no podría ser de otra manera, en los conocimientos del que observa, pero también en su estado de ánimo, en su capacidad para aguzar todos los sentidos y hasta en el orden en que están colocados los cuadros en una exposición: "Sin respiro, como algunos supervivientes afirman que de forma secuencial ven transcurrir su vida pasada cuando han tenido la experiencia de hallarse al filo de la muerte, miraba yo una mañana, noventa cuadros en serie cronológica, de Rubens el maestro" (Sin respiro).

Portada del libro.
Portada del libro. / D. S.

Entre las páginas de Esencia, Goya "nos mira desde una solidaria soledad", Alexander Rodchenko "apunta desde el objetivo implacable de su fiel Leika, o lo que es más importante, desde la visión precursora del artista", Turner "busca entre veladuras plateadas amarillentos juegos de reflejos"; mientras que Rufino Mesa "cava o perfora el abisal fondo de su yo más lúcido y secreto" y Ai Wei crea "arquitecturas con la forma de un nido, imagen de cobijo de huida y de regreso, de vuelo en libertad...". También asistiremos también a memorables reencuentros con autores como Velázquez y podremos reconocer en la obra del pintor sevillano esa "fragilísima supresión de platea y escenario".

Tienen estas semblanzas facturas muy distintas. Algunos, sobre todo los referidos a autores españoles contemporáneos, son ejercicios de crítica artística anclados a la inmediatez de una exposición. Otros son certeros retratos que arrojan una luz personal sobre autores conocidos. Pero hay también fragmentos que son verdaderos relatos en los que se reconstruye casi noveladamente la vida de un artista. Es el caso, por ejemplo, de El animal con alma, en el que la autora recrea la vida de Gauguin: "Es un salvaje, se siente así y así se manifiesta, un ser carnal con todos los excesos y todos los defectos, que alimenta la hoguera de algo noble escondido en las capas más bajas de lo abyecto".

No renuncia la autora a dotar algunos pasajes de un evidente tono poético, son fragmentos en los que recrea un entorno imaginado que consigue poner al lector en situación para enfrentarse mejor al artista que nos propone. Es el caso por ejemplo de En Giverny, que la autora dedica a Monet: "El agua es una fría copa de cristal que estremece la mañana. Monet tiembla en Giverny. ¡Qué aliento de verdor traspasa el día!".

En Esencia, Cubero trasciende la anécdota, destierra los lugares comunes para centrarse en los detalles decisivos. Como bien apunta el escritor Juan Manuel Macías, que firma el texto de la contraportada del libro, su mirada "nos habla y nos guía, y nos regala lo contemplado como quien abre la cancela a las primicias de un bosque secreto, en el primer relente del alba".

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