Canarios, caracoles y zarambeques

Andrés Moreno Mengíbar

17 de marzo 2012 - 05:00

Armoniosi Concerti. Femàs 2012. Programa: Obras de M. Caroso, C. Negri, S. de Murzia, A. de Santa Cruz, G. Kapsberger y G. Sanz. Intérpretes: Juan C. Rivera (guitarras barrocas), Juan M. Nieto (guitarras barrocas) y C. Navas (tiorba). Lugar: Espacio Santa Clara. Fecha: Viernes, 16 de marzo. Aforo: Lleno.

El bien conocido grupo sevillano Armoniosi Concerti muestra la singularidad de ser uno de los pocos consorts de guitarras barrocas y otros instrumentos de cuerda pulsada del panorama nacional (e incluso internacional, me atrevería a decir) y por ello sus conciertos son siempre esperados con fruciópn por los finos degustadores de sabores barrocos refinados, sabedores de que siempre se saldrá satisfecho.

Y así ha vuelto a ser, en este caso con un bien montado programa articulado en torno a las más famosas danzas hispanas del siglo XVII y su recepción en el entorno musical europeo. Zarabandas, fandangos, canarios y folías dibujaron, en las manos de los tres intérpretes, los perfiles de la imagen sonora de España en la Europa del Siglo de Hierro. Hay que calificar con la máxima nota la calidad de los arreglos, nada fáciles tratándose de trasvasar a tres instrumentos lo escrito para sólo uno y de los limitados recursos texturales de la guitarra barroca. Frente a este reto, Armoniosi Concerti consigue dotar de densidad, profundidad y riqueza de color a sus interpretaciones, haciendo que las frases vayan pasando de uno a otros instrumento con precisión milimétrica. Incluso consiguieron acentuar con sus versiones las licencias y audacias armónicas de la música de Girolamo Kapsberger, especialmente en esas casi experimentales Capona y Sferaina, en las que a las disonancias se unía el contraste de color instrumental.

Como suele ser habitual en Rivera y su grupo, la interpretación fue seria y sin condescendencias o fáciles concesiones a la galería, lo que significa sobriedad ornamental y reducción al máximo de la fantasía en los preludios o interludios. No deja de ser de agradecer esta honestidad con la música, aunque hay también que reconocer que, en tratándose de piezas basadas en ritmos populares, algo más de efusividad en el fraseo y de acentuación rítmica no hubiese venido mal a pesar de todo.

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