Bailar la desnudez de Anne Sexton

Manuela Nogales estrena hoy en el Central '...de muebles viejos, hacerse un árbol', fruto de su descubrimiento de la obra de la poeta estadounidense

Manuela Nogales, ayer en las inmediaciones del Teatro Central.
Manuela Nogales, ayer en las inmediaciones del Teatro Central.
Francisco Camero Sevilla

24 de octubre 2015 - 05:00

De la lectura de Anne Sexton "nadie sale indemne", dice Manuela Nogales, y con toda seguridad no ha sido la primera ni será la última persona en constatar de esta manera el impacto que aguarda al lector en la desnudez cruda y hermosa de los versos de la poeta estadounidense. En este caso, la coreógrafa, bailarina y profesora vasca afincada en Sevilla, referencia de la danza contemporánea en Andalucía, llegó a esos poemas, a menudo terribles, en ocasiones henchidos de vida y siempre extrañamente exactos, animada por su amiga Julia Moyano, una de las intérpretes que bailará en el Central ...de muebles viejos, hacerse un árbol, su última obra.

"Me interesó su lenguaje, su escritura, pero también algunos aspectos importantes del personaje. Por ejemplo, evidentemente, los contrastes; en su poesía, y en su vida, se alternaban una desolación total, una fractura interna brutal, y una energía enorme, una vitalidad apabullante", dice Nogales, que presentará hoy en escena los frutos de una intensa inmersión en la obra de Sexton que ha durado dos años. "Es difícil explicarla desde un punto de vista analítico. Al final estos procesos son muy intuitivos. Iba leyendo y de algún modo sentía qué poemas podían tener más traducción física. No hay reglas, sólo era yo leyendo a Anne Sexton, escuchándola, y tratando de elaborar una simbiosis, una manera de entender el movimiento y sus palabras".

Al hablar de Sexton lo habitual es empezar por el final. Así lo hará también Nogales en ...de muebles viejos, hacerse un árbol, pero "sin incidir en el drama". El final es duro sin paliativos, un ritual de muerte ejecutado aparentemente sin la menor vacilación. El 4 de octubre de 1974, Sexton, que tenía entonces 50 años y llevaba muchos siendo alcohólica, llegó a casa tras visitar a una amiga, se bebió dos vodkas y se sirvió un tercero, con el cual se dirigió al garaje después de ponerse un abrigo de piel que había pertenecido a su madre; allí encendió la radio y el motor del coche y aguardó la muerte por intoxicación de monóxido de carbono. Así terminaron los días de quien había llegado a ser una de las poetas más famosas, exitosas y admiradas -también por su belleza- de los Estados Unidos de su época.

"Ha sido una elección", dice Nogales sobre la estructura -o el sentido del viaje emocional- de su nuevo trabajo. Comienza por el final, por esa muerte, pero acaba "en la vitalidad". Porque mucho más que "la fatalidad", a Nogales le interesaban otros aspectos de la biografía de la escritora, como el rabioso apetito vital por el que trató de inclinarse a toda costa -uno de sus poemarios lo tituló no en vano Vive o muere-, en contra del sentimiento de angustia y las recurrentes crisis depresivas que marcaron su existencia. O el hecho de que una ama de casa normal y corriente en la próspera y moralmente autosatisfecha burbuja de casas con jardín y piscina de los suburbios americanos de posguerra, "con todo lo que eso conllevaba para una mujer", llegara a ser una poeta respetada, adornada con distinciones universitarias y un Pulitzer; y escribiendo esa poesía, además. Y por encima de todo, apunta la coreógrafa, la dimensión "terapéutica" de la creación. "Porque ella empezó a escribir por recomendación de uno de sus terapeutas. Y a partir de ahí pudo encontrar un camino, o por lo menos compensar un poco su vida. Para mí, que estoy convencida de que todo proceso creativo es liberador, esto era algo muy importante".

En principio Nogales planteó este trabajo sólo para dos intérpretes, Moyano y Elena de Vega, para reflejar esa "dualidad" de Sexton, ese balanceo entre el dolor y los estallidos de vitalidad. Pero pronto se dio cuenta de que también ella debía estar presente no sólo dirigiendo, por dos razones: una, ese impacto íntimo, que demandaba una implicación "mayor aún"; otra, la oportunidad de amplificar otro de los aspectos esenciales de la obra de la escritora, que abordó algunos asuntos -el aborto, la menstruación y la menopausia, la maternidad...- con tal claridad inaudita y falta de tapujos, que a pesar de no comulgar enteramente con las premisas del feminismo mayoritario en su época la convirtió en una referencia en los debates acerca de la experiencia y los ritos sociales propios de las mujeres.

Por eso Nogales quiso introducir en ...de muebles viejos, hacerse un árbol un coro femenino, en el que hay niñas y adultas, el cual le servirá además para satisfacer otro de sus intereses de siempre: "la transmisión"; pues la artista renovará ese coro en cada ciudad donde represente la obra con mujeres del lugar que participarán en talleres pedagógicos previos.

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