Escocia deshojó en masa una margarita con aroma a unidad

referéndum en escocia | europa clava su mirada inquieta en las islas británicas

Los últimos sondeos daban una victoria por ocho puntos a los partidarios de mantenerse en el Reino Unido, aunque los indecisos tuvieron la última palabra

J. Mora · P. Souza (Efe) Edimburgo

19 de septiembre 2014 - 05:03

Los escoceses protagonizaron ayer un día histórico en el referéndum sobre la independencia de Escocia, cuyo resultado no se ha conocido hasta primera hora de hoy aunque los sondeos concedían la victoria del no, de los unionistas. El último sondeo, realizado por YouGov y publicado tras el cierre de los colegios electorales ampliaba el margen de victoria de los unionistas a ocho puntos, con un 54% frente al 46% de los secesionistas.

No obstante, los indecisos -entre el 4% y el 10% del censo, según las encuestas- podían inclinar la balanza y ningún bando las tenía todas consigo sobre lo que ocurrirá, más allá de la alta participación en la consulta, constatada ayer en muchas filas a las puertas de los colegios electorales.

A primerísima hora de hoy se ha conocido el veredicto de los escoceses, que determinará si se rompe una unión con el Reino Unido que se remonta a 1707 y si nace un nuevo Estado europeo, que podría dar alas a otros movimientos independentistas en Europa, como en Cataluña sin ir más lejos.

No fue de extrañar que todos los partidos catalanes, con la excepción de PP y Ciudadanos, se desplazaran a Escocia para seguir el referéndum. La delegación de CiU estuvo compuesta por el eurodiputado de CDC Ramon Tremosa y el responsable de relaciones internacionales convergente, Víctor Terradellas, mientras que por parte de UDC no asistió ningún representante. ERC fió su representación a su eurodiputado, el filósofo Josep Maria Terricabras. Por parte del PSC acudió la portavoz del partido, Esther Niubó, que es también la directora del think-tank de los socialistas catalanes, la fundación Rafael Campalans.

Asimismo, los grupos municipales de PNV y Bildu en el Ayuntamiento de Vitoria colgaron de las ventanas de sus despachos la bandera escocesa con la inscripción Yes, el voto por la independencia.

Mientras tanto, desde las lejanas islas Shetland al cinturón industrial de Glasgow o en la capital política escocesa, Edimburgo, decenas de personas hicieron fila a primera hora de la mañana, antes de ir al trabajo, para ejercer su derecho a voto.

Unos 4,3 millones de ciudadanos, un 97% del censo electoral, se registraron para emitir su sufragio. Pudieron votar los residentes en Escocia mayores de 16 años de países de la Unión Europea y la Commonwealth (mancomunidad de ex colonias británicas), así como militares expatriados.

Un total de 789.024 personas pidieron votar por correo y el resto lo hizo en persona, en una jornada en que los políticos ya no pudieron hacer campaña pero que el tenista de Dunblane Andy Murray inauguró en Twitter con un "¡Hagámoslo!" favorable a la independencia.

Al margen de algún incidente menor -un hombre fue detenido por agresión en Clydebank, sin que se tengan más detalles-, la votación se desarrolló en un ambiente festivo y con la sensación de estarse viviendo un momento sin precedentes.

En Edimburgo, las calles fueron tomadas en general por el campo del, más visibles con sus banderas escocesas y sus eslóganes por el cambio, si bien los partidarios del no intentaron también captar indecisos en las puertas de los colegios electorales.

El militante laborista de 20 años Greg Lare hacía guardia frente al centro de Haddon's Court, en un último esfuerzo por promover las ventajas de permanecer en el Reino Unido. "Como progresista, quiero ver la justicia social que pregonan los nacionalistas pero no solo para los 5,2 millones de escoceses, sino para los 66 millones de británicos", declaró a Efe.

En este colegio votó no Kurt McInnes, un conductor de tren de 49 años, quien, luciendo su camiseta del Chelsea de Londres, defendió la unión "porque la independencia nos echará 30 años atrás".

McInnes, criado "en un barrio obrero de Glasgow", es uno de los escasos escoceses que vota al Partido Conservador de David Cameron, al igual que la jubilada de 70 años Elise Theures, que entra en el colegio con su pegatina del no oculta bajo el abrigo para no sentirse "intimidada" por los independentistas.

El Saltire o bandera escocesa -la cruz de San Andrés blanca sobre fondo azul- colgaba de balcones y se enarbolaba desde coches y camiones en la capital escocesa, donde catalanes, vascos o sardos se congregaron también en defensa de sus propias causas.

El primer ministro británico, David Cameron, que autorizó el referéndum convocado por el gobierno nacionalista escocés y podría ver peligrar su puesto en caso de un triunfo del, pasó ayer el día trabajando en su despacho de Downing Street, sin un plan de contingencia ante un eventual triunfo independentista.

Sí lo tienen, no obstante, el Banco de Inglaterra y muchas entidades financieras y grandes empresas, cuyo rechazo frontal a la secesión escocesa parece haber sido determinante en el cambio de dirección de unas encuestas que, hace solo una semana, arrojaban un práctico empate técnico.

Las subidas de la bolsa de Londres (0,57%) y de la libra esterlina, que alcanzó su máximo de dos años frente al euro, reflejaron la apuesta de los mercados por el no. Al cierre de los mercados, un euro se cambiaba por 78,8 peniques, lo que supone el nivel más alto de la libra desde agosto de 2012. Además, alcanzó su máximo de dos semanas respecto al dólar.

Hoy se habrán despejado todas las dudas y fantasmas.

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