"Goyescas' es una narración wagneriana"

clásica

El pianista barcelonés José Menor ofrece en grabación del sello granadino IBS una versión renovada de 'Goyescas', la obra maestra para el piano de Enrique Granados

El pianista y compositor José Menor.
El pianista y compositor José Menor. / Michal Novak
Pablo J. Vayón

17 de julio 2017 - 08:39

La ficha

'Granados: goyescas' José Menor, piano.IBS Classical

José Menor (Sabadell, 1977) es uno de los más activos y brillantes pianistas españoles de nuestros días. Acaba de publicar su grabación de Goyescas, suite pianística que Granados editó en dos cuadernos en 1911.

-Su Goyescas parte de los manuscritos y de los rollos de pianola dejados por el compositor. ¿Qué hay de novedoso en su interpretación?

-Hay piezas de Goyescas que las he estado tocando toda la vida. Las había trabajado hace años con materiales diferentes. El cambio empezó hace 4 o 5 años. Estaba grabando un disco que incluía tres de los números de Goyescas. Un día, durante la grabación, no me sentía inspirado y decidí escuchar algo. Me fui a Google y encontré un rollo de pianola de Granados. Me di cuenta de que había acordes, melodías diferentes a los que yo estaba tocando. Paré la grabación. Me fui a Barcelona a mirar manuscritos. Desde entonces han pasado muchas cosas. Llevo años trabajando con Bárbara Granados, nieta del compositor, y Goyescas se ha ido desarrollando dentro de mí. En enero de 2016 empecé una gira con la obra. Desde entonces la he tocado más de treinta y cinco veces por muchos países. Y no he dejado de interesarme ni de investigar. Granados era un improvisador. Como profesor dejaba mucha libertad al alumno. Le interesaba que el intérprete desarrollara su propia visión de las obras, no era para nada un maestro académico, rígido. Toda esa libertad es lo que a mí me gusta, tocar a mi manera. En ningún momento he intentado imitar al compositor. Ahora bien, él puede cambiar cosas de una interpretación a otra, pero siempre mantiene las armonías y los motivos esenciales; los puede adornar de una manera o de otra, pero no los cambia. Cuando comparé con las ediciones disponibles vi que había muchas cosas diferentes, errores de imprenta que se han ido arrastrando. Empecé a analizar la obra y a desechar tópicos. Por ejemplo, el tópico de que la forma no era el fuerte de Granados. Quizá no lo fuera en sus creaciones juveniles, pero Goyescas es una estructura grandísima, está concebida como una enorme pieza de arquitectura. No hay escritos sobre eso. Cuando te acercas a la literatura sobre Goyescas, lees las obviedades de siempre, que está bien saberlas, pero hay más. Empecé a indagar como compositor y descubrí cosas formales y armónicas fascinantes. El Granados de Goyescas es un gran arquitecto, no sólo un improvisador.

-Afirma que la obra nace de un cruce entre wagnerismo y folclore. ¿Puede explicar eso?

-Granados abre su Academia en 1901, luego tiene 6 hijos. Necesita dinero. Lo que quiere es componer ópera, que es lo que daba dinero entonces. Estaba inmerso en el movimiento modernista catalán, que se había hecho wagneriano para distinguirse de Madrid. Entonces compone óperas, Gaziel, Liliana y otras, muy influido por Wagner. En 1909 muere Albéniz, y eso le toca mucho. La viuda de Albéniz le encarga que complete Azulejos, y él, que se daba cuenta de que el tiempo del modernismo catalán estaba ya pasando, intenta meterse en el estilo de Albéniz. Eso le motiva a recordar el universo de Goya, que le había fascinado a mediados de la década de 1890, un tiempo en que residió en Madrid. La muerte de Albéniz despierta en su mente todo eso. Granados vuelve a querer hacer música española, pero le sale Wagner. Por supuesto, no es tan simple. Pero la amalgama está ahí. Goyescas es una narración wagneriana. Y al mismo tiempo, sale la cadencia frigia, todo lo que tiene que ver con la música española. Le sale de forma natural. Hay muchas similitudes con Tristán e Isolda, y yo creo que son conscientes. Goyescas es un ciclo de vida como Tristán: va del flirteo al amor apasionado del Coloquio, luego aparece el malo de la película, se produce la muerte del majo y su reencarnación en un fantasma. La evolución armónica de la obra se pone al servicio de esa historia, hasta el punto de que Granados se sale de la tonalidad convencional y piensa en términos modales. Enfatiza el color armónico, lo que había hecho en muchas otras obras, pero aquí lo hace a gran escala. Todo empieza con el flirteo de Los requiebros, que es una pieza alegre, de plenitud, que está en un clarísimo modo mayor y es muy tonal. Y termina en la Serenata del espectro, con muchas cadencias frigias, pero en la que la armonía está tan cromatizada que ya no te fijas en el centro tonal, sino en el color, que es irreal, porque Granados está buscando eso, representar a un fantasma. Es fascinante. El ciclo va de la luz del inicio a un Goya cada vez más oscuro. La conexión con Tristán (hay incluso nexos temáticos), esa ópera que representa el principio de la disolución de la tonalidad, me parece muy clara y evidente.

-Incluye en el CD otras obras vinculadas a Goya y termina con El pelele. ¿Cuál es el lugar más adecuado para esta pieza?

-En la gira empecé con cinco piezas pequeñitas inspiradas en Goya, después El pelele y finalmente la suite. En realidad es el orden que Granados daría luego a la ópera, porque El pelele está en la obertura. Me criticaron esto, porque Larrocha lo tocaba siempre al final y el propio Granados también. Y lo cambié, ahora lo toco al final, pero hago una pausa, cuando termino Goyescas, salgo y vuelvo a entrar, porque como narración no tiene sentido, no está vinculado con el ciclo. El pelele es una pieza de salón, virtuosística, muy brillante, se aplaude más, queda muy bien al final, más cómodo para el pianista, pero el sentimiento no cuadra.

-Usted suele hacer mucha música contemporánea. ¿Ha influido eso en su visión de la obra?

-En el análisis, puede. Yo también soy compositor, y miré la obra desde esa perspectiva, que es algo que echo mucho a faltar en la música española. Le falta análisis. No sé si es que no se toma suficientemente en serio.

-¿Eso influye en la visión general de Granados como un músico predominantemente de salón?

-Claro. Y eso es lo que critico. Se hacen generalizaciones, se ponen etiquetas... No es lo mismo el Granados joven, que improvisaba en un café de Barcelona siguiendo modelos schumannianos, que el Granados posterior a 1909, que ha pasado ya por Wagner y por Albéniz. Goyescas es una obra visionaria en el siglo XX. Hay quien dice que Albéniz era un innovador y Granados un conservador, y no puedo estar más en contra de esa visión. Son diferentes formas de entender la música del futuro. Iberia es innovadora en un sentido impresionista. Goyescas es innovadora en el sentido más centroeuropeo, poswagneriano. Iberia es una colección de impresiones y Goyescas, una narración entera. Son obras geniales y modernas que parten de conceptos diferentes.

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