"En la política española hace falta mediación"

Rosalía Fernández Alaya | Juez

"En la política española hace falta mediación"
"En la política española hace falta mediación" / Antonio Pizarro
Carlos Rocha

28 de marzo 2019 - 05:00

Cuenta la juez Rosalía Fernández Alaya que descubrió la mediación como solución judicial allá por los 90 y, desde entonces, se ha dedicado a evangelizar a sus compañeros de la magistratura en la materia. Cordobesa de nacimiento, tras estudiar en Sevilla, ha hecho carrera en las Islas Canarias, donde ahora ocupa un puesto en la sección Tercera de la Audiencia de Las Palmas. Desde allí dirige la sección española del Grupo Europeo de Magistrados pro Mediación (Gemme), en el que participan más de 260 jueces españoles.

-Se dice que quien media en un conflicto se arriesga a salir escaldado.

-En lo coloquial sí, pero a nivel profesional no, porque el mediador siempre es neutral. Si sale alguien escaldado serán las partes.

-¿Son los españoles buenos mediadores?

-Tendemos a creer que somos capaces de mediar en cualquier situación. Y muchas veces, sin querer, metemos la pata.

-¿Se vería capaz de mediar entre dos políticos tan distantes como Pablo Iglesias y Santiago Abascal?

-No soy mediadora profesional, pero, independientemente de Abascal o Iglesias, en la política española hace falta mediación.

-Suena un poco contradictorio. Si los españoles creen que son buenos mediadores y a los políticos les hace falta un mediador...

-Profesional. Hace falta mediación profesional.

-Usted es juez, pero apuesta por la mediación.

-Totalmente. Formo parte de un movimiento de jueces desde los 90 que, por nuestra experiencia, hemos visto que las sentencias no llegan a todo lo que necesitan los ciudadanos. Distinguimos el conflicto que tienen los ciudadanos del litigio que nos presentan en el juzgado. En muchos casos, llegan mejor a una solución a través de la mediación que por la vía judicial.

-¿Son compatibles?

-Sí. La mediación es una fórmula de hacer justicia. Es una forma de tutela judicial que se ofrece al ciudadano.

-En los comienzos, en los 90, ¿qué reacción tenían sus compañeros jueces cuando les presentaba la mediación como forma de impartir justicia?

-Primero, reticencia absoluta. Se convencen por los resultados. Cuando derivan a unas personas a la mediación y llegan al juzgado con un acuerdo, o no han llegado a un acuerdo, pero están satisfechos. Ven que se han acercado al ciudadano y que su labor merece la pena.

-¿Qué obstáculos se encuentran en la actualidad?

-El institucional. Ahora nos está fallando que las administraciones competentes presten los medios para que desde los juzgados se pueda derivar a la mediación. O que quien tiene derecho a una mediación gratuita, por tener pocos recursos, tenga acceso. Y también que las instituciones se impliquen. Hay algunas, como el Defensor del Pueblo Andaluz, que ofrece el servicio, pero otras no apuestan por la mediación. Y falta que la mediación no se vea como algo exclusivo de la Justicia. Que impregnen todos los ámbitos de la vida y se vea como una política social pública. La mediación es un instrumento valiosísimo para acercarse a la ciudadanía y para que la ciudadanía se sienta escuchada.

-¿Puede ser una fórmula para acabar con la desafección de los ciudadanos con las instituciones?

-Yo así lo pienso. El ciudadano no confía en el sistema porque lo siente lejano. La Administración se ve como algo de otro planeta y se detecta mucha demagogia en los discursos políticos. Cuando el ciudadano se encuentra con un problema no ve la cercanía, no encuentra la solución. La mediación acercaría posturas.

-¿Cómo?

-Si un ciudadano no tiene la razón se le podría explicar por qué no la tiene. La mediación no es dar la razón siempre al ciudadano que tiene una queja. No se trata de eso. Se trata de que las personas implicadas en el conflicto se sienten a hablar y puedan comprenderse mutuamente para llegar a una solución que a lo mejor no tiene nada que ver con la que inicialmente se planteaba.

-Dígame un caso de buena práctica en mediación.

-Hay muchísimos. En derecho de familia, por ejemplo, cuando hay conflictos sobre el régimen de custodia de los hijos en una pareja en crisis. ¿Por qué? Porque el problema que están planteando en el juzgado, teóricamente, es sobre los niños, pero no es así. Es el problema que tienen como pareja. Eso en mediación lo solucionan. En el juzgado no. Van a ir litigando una vez detrás de otra porque su conflicto entre personas no lo han resuelto.

-¿Y en otro ámbito?

-En el laboral. Un ambiente laboral enrarecido por conflictos entre trabajadores o con los jefes perjudica al funcionamiento de la empresa. Con la mediación se pueden salvar también esos conflictos. En la Administración debería haber unidades y servicios de mediación para la ciudadanía.

-¿Quién puede dedicarse a la mediación?

-Profesionales de cualquier ámbito, pero tienen que hacer una formación específica como mediadores para acreditarse. Suelen ser abogados, trabajadores sociales, psicólogos y profesionales de la docencia, pero cualquier persona que vea que se puede llegar a una solución por una vía diferente de la tradicional, puede encaminarse por la mediación. Cosa distinta es que haya personas que, naturalmente, tienen una habilidad para mediar, pero eso no es un mediador profesional. Es lo que decía al principio, que nos creemos todos que podemos mediar.

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