A lomos del grito liberador

Alfonso Crespo

29 de julio 2013 - 05:00

Dirección y dramaturgia: Eugenia Manzanera y Gloria Sanvicente. Música: Anatol Rivero. Escenografía: Ignacio Sánchez. Diseño de luces: Raúl Baena. Interpretación: Eugenia Manzanera. Lugar: Cicus. Fecha: Sábado 27 de julio. Aforo: Tres cuartos.

Un clown en la soledad del escenario y elevando el espejo que nos confronta con los misterios de la vida y la inevitabilidad de la muerte. Sonaría bergmaniano si no fuera porque esta Paya-Sasa que encarna Eugenia Manzanera comparte nuestra fragilidad más que imponerse como una aparición ajena y refractaria. Así, desde que el público iba penetrando en el patio del Cicus, allí estaba ella, buscando compañía, riéndose un poco del (y con) el espectador, desenrollando esa madeja (y no hablamos en clave retórica, sino literal) que vincularía la escena con el patio de butacas durante una memorable hora de suspensión de deberes y preocupaciones y confianza terapéutica en la risa.

Aarrgghhff!!! es una comedia original, es decir, que nace de la imaginación particular de Manzanera; pero también lo es por estar relacionada con una cierta noción de origen. Y esto afecta al contenido, que se precipita en la vida desnuda, desbrozada de accesorios -o sea: sexo y muerte-, y a la expresión, para la que la actriz busca una armonía gestual y vocal que encuentra en el grammelot, aquel esperanto de juglares y cómicos renacentistas que aquí se actualiza y pone en perspectiva en una versión cabaretera y deslenguada. Se trata, entonces, de un determinado arte de la exageración, de la hipérbole, en el que gestos, muecas, onomatopeyas y entrecruzamientos idiomáticos se amalgaman para transmitir ideas encastradas en afectos. Y como ocurría con el Chaplin de El gran dictador, lo que propone Manzanera para arrancar risas es atender a todo ese maremágnum pre- o para-lingüístico capaz ya de establecer una comunicación que, al mismo tiempo, es puesta en entredicho. Es éste un efecto de duplicación que explica el éxito de la actriz y cómica: reírnos (quizás por no llorar) de los giros y fardos existenciales y de la manera en la que los relatamos. Apoteósico, en este sentido, el último sketch con la parca hablando en català.

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