Cernuda está siempre naciendo

El jueves cumpliría años el autor sevillano, señalado cada vez por más voces como el poeta verdaderamente importante de la Generación del 27

El poeta Luis Cernuda (Sevilla, 1902-Ciudad de México, 1963), en una imagen sin fechar.
El poeta Luis Cernuda (Sevilla, 1902-Ciudad de México, 1963), en una imagen sin fechar. / D. S.
Antonio Rivero Taravillo

17 de septiembre 2017 - 11:56

Sevilla/El 21 de septiembre, el próximo jueves, sería el 115 cumpleaños de Luis Cernuda, nacido en la casa de la calle Acetres que afortunadamente pronto se recuperará para su recuerdo y bautizado en la iglesia de El Salvador. A él le deprimía la efeméride, porque no la veía, a diferencia de nosotros, como un motivo de celebración literaria, sino como una evidencia del paso del tiempo y de sus estragos. Conforme fueron corriendo los años, la fecha tendría más que ver con la realidad, tan denostada por él, que con el deseo, y a menudo se abismó en un oscuro spleen a lo Baudelaire, en un humor a lo Robert Burton y su Anatomía de la melancolía.

La revista Litoral, reencarnada de aquella mítica publicación que fundaron los primeros editores de Cernuda, Emilio Prados y Manuel Altolaguirre, está a punto de publicar un número especial dedicado a Torremolinos, y uno de sus artículos reconstruye el paso del sevillano por el Castillo del Inglés. Allí se mencionan otras playas transoceánicas, de las que habla un relato de Carlos Fuentes en que éste evoca el Acapulco de 1949, año en que el poeta visitó por vez primera México antes de asentarse allí tres años más tarde, enamorado del joven culturista Salvador Alighieri que inspiraría Poemas para un cuerpo y también el Epílogo al citado ciclo, en el que Cernuda mira atrás a las playas de la ciudad costera del Pacífico. Ésta es su primera estrofa: "Playa de la Roqueta: / Sobre la piedra, contra la nube, / Entre los aires estás, conmigo / Que invisible respiro amor en torno tuyo. / Mas no eres tú, sino tu imagen".

Sigue sin publicarse la nutrida correspondencia que mantuvo con su colega Octavio Paz

En Los novios, uno de los cuentos que componen Todas las familias felices, libro que Fuentes vino a presentar a Sevilla, el mexicano escribe cómo era aquel lugar en el que Cernuda sí lo fue, feliz, con la persona que hizo que abandonara el frío y para él inhóspito norte de los Estados Unidos, donde era profesor: "Un Acapulco pequeño, adolescente como ellos, a medio crecer, siempre dividido entre cerro y playa, pobre y rico, habitante y turista, dueño aún, Acapulco, de mar limpio y noches claras, familias que se querían y noviazgos iniciales: aguas cálidas mansas de Caleta y Caletilla, aguas bravas del Revolcadero, olas estruendosas de Playa de Hornos, olas silentes de Puerto Marqués, precipicios de piedra de La Quebrada, hoteles recién estrenados -Las Américas, Club de Pesca- y hoteles vetustos -La Marina, La Quebrada-, pero todos ellos, castillos de arena". Alighieri, con Vicente Quirarte, José de la Colina, José María Espinasa y el recientemente desaparecido Ramón Xirau, intervenía en el documental de Rosa Teixidor México. Final de dos amores (2012).

Hay una fotografía de Cernuda en Acapulco que recuerda a otra tomada tres lustros antes en la asturiana Castropol, adonde fue en 1935 con las Misiones Pedagógicas y para ocuparse de asuntos bibliotecarios. También tuvo tiempo de tomar el poco sol que allí vino a saludarle, y de darse algún chapuzón. Los próximos 6 y 7 de octubre, la localidad abierta a la ría colindante con Galicia recordará al poeta sevillano. Habrá actos en su memoria con la participación del sobrino nieto del poeta, Ángel María Yanguas, y también se pondrá en circulación una edición facsímil de la narración que Cernuda escribió en 1937, hace 80 años, y publicó en la revista Hora de España. Se trata de En la costa de Santiniebla, donde aparece un trasunto de Dámaso Alonso y unos crímenes guerracivilistas.

Puestos a recordar, ya se sabe que este año se conmemoran los 90 de que se reunieran en Sevilla los poetas que homenajearon a Góngora, incluido Alonso. En ese grupo, aunque pasara un tanto desapercibido aquellos días y no subiera al estrado, estuvo Cernuda, quien para muchos, como recordaba Manuel Vilas recientemente, es el poeta verdaderamente importante de la Generación (el universal sería García Lorca, cuyo duende en vida y el asesinato que acabó con él han hecho que sea conocido prácticamente en todos los países del mundo).

De Cernuda aparecen de vez en cuando cartas inéditas, algunas fotos que se visten de su elegancia (como los dos retratos que el fotógrafo mexicano Tomás Montero le hizo en los años 50 o unas fotos de grupo con otros reclutas), pero aún permanece sin publicarse el epistolario con Octavio Paz, bastante nutrido a tenor de lo que dijera su destinatario, gran amigo suyo y uno de los que mejor lo comprendió. Marie Jo Paz aún no ha estimado oportuno publicar esas cartas que parecen tan valiosas, y quizá sea ya el momento de requerirle que lo haga sin más dilación. Ni siquiera ha tenido acceso a ellas Guillermo Sheridan, autor de una magnífica obra en marcha compuesta por ensayos sobre la vida del autor de Piedra de sol, ya por el tercer tomo. Entretanto, lo que sí se publica, reeditado, es Ocnos junto con Variaciones sobre tema mexicano y dos textos en apéndice, en una nueva edición tan cuidada como asequible de la Diputación de Sevilla.

En realidad, Luis Cernuda no nació un día de 1902. Gracias a la "magia de su obra viva", está siempre naciendo.

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