Suárez le debe un viaje a Sevilla

Calle Rioja

Polizón. Suárez no dejó que Carrillo viniera a Sevilla en septiembre de 1976, ignorando que llevaba siete meses oculto en Madrid, entrando y saliendo de España

Teodulfo Lagunero, amigo de Carrillo, en el hotel Doña María en una visita a Sevilla.
Teodulfo Lagunero, amigo de Carrillo, en el hotel Doña María en una visita a Sevilla.

20 de septiembre 2012 - 05:03

AYER caminaba por la Campana Fernando Pérez Royo. Este catedrático sevillano fue uno de los compañeros de Santiago Carrillo en las Cortes de 1979. Para que eso sucediera tuvieron que darse una serie de circunstancias. La fundamental, que el Sábado Santo de dos años antes, con gran disgusto de la cúpula militar, Adolfo Suárez legalizara el Partido Comunista.

La relación entre estos dos políticos es el argumento de una buena película del Oeste. Cronológicamente, es una historia que transcurre entre dos febreros. Entre el 7 de febrero de 1976, cuando un Carrillo todavía clandestino se sube en Montpellier al flamante Mercedes de Teodulfo Lagunero con una peluca facilitada por el peluquero Gonzalo Arias, amigo de Picasso, y el 27 de febrero de 1977, fecha del primer encuentro entre Suárez y Carrillo en el chalé que el abogado José Mario Armero tenía en la población madrileña de Pozuelo.

La diferencia entre ambos febreros es abismal. En el de 1976 todavía es presidente del Gobierno Carlos Arias Navarro, que como Carrillo había tenido una directa participación en la guerra civil. El 3 de julio de ese año Adolfo Suárez accede a la Presidencia del Gobierno.

Armero llama desde Londres a Suárez para pedirle un favor muy especial: el 6 de septiembre de 1976 muere en París Antonio Mije, un veterano comunista, y Carrillo decide posponer la cita con Armero en la capital francesa el día 8 porque quiere acudir en Sevilla al entierro de Mije dos días después. Suárez se niega en redondo a facilitarle ese pasaporte. "Ni para que entre un solo día".

Lo que no sabía Suárez es que Carrillo llevaba siete meses viviendo en España, tiempo que documenta con extraordinaria precisión Joaquín Bardavío en su libro Sábado Santo Rojo. Se alojó en un chalé que Lagunero compró en la zona residencial de El Viso donde aprovechó para escribir su libro Eurocomunismo y Estado. No sabía Suárez que Carrillo había regresado a un país que abandonó en 1939 y al que sólo había regresado en 1946 para recoger a una partida de maquis en el valle de Arán. No sabía que con su singular camuflaje realizaría ese año viajes a París, Berlín, Roma, Bucarest y la Costa Azul francesa o iría al cine a ver El jovencito Frankestein.

Carrillo entró en España con la documentación de un francés llamado Raymond B., de profesión arquitecto. En Valencia va a los toros y entre los aficionados distingue a Sara Montiel; en uno de sus regresos a España lo hace por Málaga y en el coche de Teodulfo Lagunero recorre la Costa del Sol: Torremolinos, Fuengirola, Marbella, para regresar a Madrid con escala en Brazatortas, pueblo manchego donde Lagunero tenía una finca.

Lagunero empieza a echar las redes para establecer puentes con la clase política. De los candidatos a suceder a Arias Navarro, al único al que conoce Carrillo es a Areilza. Se vieron en París y después en su casa de Aravaca.

El mecenas y amigo de Carrillo intentó establecer un encuentro con Fraga cuando era embajador en Londres a través de Fernando Morán, consejero de la Embajada. En un viaje de placer a Cannes hace un alto en Barcelona para reunirse con Jordi Pujol.

La primera persona del entorno de Suárez que se reúne con Santiago Carrillo es Carmen Díez de Rivera. El 22 de septiembre de 1976, Manuel Gutiérrez Mellado entra en el Gobierno de Suárez. Compañero de Carrillo en el libro de Javier Cercas sobre el 23-F Anatomía de un instante.

Carrillo Solares es detenido el 22 de diciembre, el día de la Lotería. Lo llevan a Carabanchel. Ya conoció la cárcel por su participación en la revolución de Asturias. Fue excarcelado tras las elecciones del 16 de febrero de 1936 y con 21 años solicita un pasaporte para viajar a Moscú. Cuarenta años después, el presidio es mucho más corto. El 30 de diciembre hay consejo de ministros y Carrillo es puesto en libertad.

Suárez ya está decidido a romper ese tabú de la historia. El día elegido es el 27 de febrero de 1977. El lugar, el chalé de José Mario Armero. Éste recoge a Suárez en la Moncloa y la mujer del abogado a Carrillo en Vallecas. Sólo su círculo más íntimo está al tanto. Armero tuvo la precaución de invitar a los guardeses de la finca, como cuenta Bardavío, a disfrutar de unos días de asueto en Almería con el pretexto de que nunca habían visto el mar.

Ahí surgió una sólida amistad política, aunque Suárez no dejó que Carrillo viniera a Sevilla a despedir los restos de Mije, su colaborador en la página más sombría de su biografía. Sí vino el Domingo de Resurrección de 1978 en un mitin con presencia de Pasionaria y Rafael Alberti, que le dedicó unos versos a la Macarena. Un Sábado Santo después.

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