Eleuterio Población: un arquitecto moderno

Su gran obra en Sevilla fue el Auditorio de la Isla de la Cartuja, construido con motivo de la Expo 92 · Fue también el autor de la operación urbanística del Pasaje Villasís.

José Ramón Moreno Y Félix De La Iglesia

23 de noviembre 2011 - 01:00

HA fallecido en Madrid, a los 83 años ,Eleuterio Población, arquitecto onubense, académico Numerario de la Real Academia de Bellas Artes de Santa Isabel de Hungría desde 2004, miembro de la Fundación Antonio Camuñas, del jurado del Premio Príncipe de Asturias y una de las referencias de la arquitectura moderna española.

Población desarrolló su actividad profesional desde Madrid, donde cursó los estudios de Arquitectura y fue profesor de la ETSA, construyendo piezas tan significativas como el edificio Beatriz de la capital. Su variada y cuidada producción, su buen hacer atento al detalle constructivo tanto como a la composición y funcionalidad del programa, ha dejado también obras importantes a lo largo de la geografía andaluza, desde el edificio Carabela Santa María, referente iconográfico de la ciudad de Huelva en la plaza del Punto, hasta el hotel Gran Meliá Don Pepe en Marbella y otras igualmente singulares en Sevilla.

Así, en los años 60 construyó para la Caja de Ahorros del Monte de Piedad con Gómez Millán, el edificio del Pasaje Villasís (1966), hoy de Francisco Molina: una interesante actuación urbana, de gran calado en la ciudad de Sevilla, que comprendía un complejo programa de oficinas, hotel y cine (éste, demolido en 1976). Intervención que supuso para muchos un posicionamiento en el debate sobre la intervención en las ciudades y los centros históricos que él mismo no dudó en mantener hasta el último momento, participando activamente y cuestionando el proyecto de la Torre Pelli en la Cartuja (ya en construcción) para la misma entidad.

Con todo, su obra sevillana más conocida y emblemática quizás sea el Auditorio al aire libre que realizó para la Expo 92 (Auditorio Rocío Jurado): un enorme escenario disponible, apenas construido aunque bien equipado técnicamente, que se convierte junto a graderíos y taludes vegetales en lugar de convocatoria para la ciudad y representación de una manera de entender la arquitectura y sus espacios culturales.

Hay un tenaz protagonismo de individualidades en esa acelerada construcción de una arquitectura moderna española. Ahora, en este tiempo de convocatoria social mediatizada, en la que algo no parece existir sino a través de su presencia aparente en las redes, asistimos a un lento desgranarse de un largo collar de cuentas renombradas que hemos querido denominar arquitectura moderna española. Es sólo eso: un collar de cuentas, al que sucedería lo grupal de las escuelas autonómicas signadas por la oleada corta de modas venidas, recepcionadas, de fuera.

Entonces la individualidad dio paso a marcas de tendencias: la arquitectura de la ciudad, el pop, la utopía tecnológica. Pero antes sólo el goteo de la obra ligada al arquitecto parecía fundar la solidez de un paso más para que finalmente, allá por el 92, por fin existiera la arquitectura moderna (?) española.

Ahora se desliza por el bramante del tiempo pasado otra cuenta, se nos va Eleuterio Población Knappe. Su propio nombre, "aquel que es libre", convoca otra toponimia de lo agrario, por más que simétricamente su ultimo apellido hable de otros paisajes más al norte de una Europa que no comenzamos a conocer directamente sino por la importación del turismo y las bases.

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