
¡Oh, Fabio!
Luis Sánchez-Moliní
La venganza de América
Desde mi córner
RESPETUOSAMENTE, con el sombrero en la mano, sin querer levantar susceptibilidades ni abrir heridas más de lo que en realidad están ya, me mosquea cierta corriente periodística de nuevo cuño por la que se la da a Manuel Ruiz de Lopera un papel de víctima que no le va. A cuento del acto judicial del otro día y que sólo sirvió para atascar más de lo que está dicho aparato, desde algunas tribunas se ha tomado claro partido por el que todavía maneja los hilos de una entidad que ha convertido en muy desgraciada, la del Real Betis Balompié. Ya digo que respetuosamente, pero no acabo de entender ese repentino fervor por Lopera.
No acabo de comprender cómo honorables periodistas que han visto pasar muy de cerca vetos e insultos desde el púlpito que el propio Lopera maneja de forma fáctica se ponen de lado del hombre que más daño le ha hecho a una entidad sevillana y al periodismo más cercano. Desde luego, lo que se vio el otro día en un tribunal fue esperpéntico, claro que sí, y me imagino a su señoría preguntándose por qué esa pérdida de tiempo, qué pintaba una persona como ella ante un caso como ese. Lopera, contra un puñado de béticos que no pueden soportar la visión de cómo su queridísimo club, quizá también el de sus antepasados, se desangra como se desangra.
Posiblemente el satírico grupo de campanilleros no fuese el camino adecuado para liberar al Betis del secuestro que padece y que fue mucho más pragmático lo ocurrido el 15-J, pero debe comprender Lopera a esa gente a la que decía querer tanto, sobre todo cuando se manifiestan no ante un domicilio particular sino frente a un domicilio que su propietario convirtió en sede del club. No comprendo tampoco cómo un personaje tan listo pasa olímpicamente de una masa social que ya no le quiere y viendo como ve el afecto repentino que ha despertado entre los que antaño deseaban su desaparición. Lo cierto es que la capacidad de sorpresa es claramente inagotable.
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