Enrique / García-Máiquez

Bancos y bandazos

DE POCO UN TODO

04 de febrero 2009 - 01:00

ZAPATERO ha decidido presionar a la banca. Se está comentando mucho la diversa escenografía de los dos encuentros que el presidente ha tenido con los banqueros. Ha pasado de felicitarles, inyectarles una millonada y mullirles el beato sillón a castigarlos a hincar codos en un pupitre. Otros ministros, siempre atentos al menor movimiento de ceja del jefe, se apuntan a la estrategia. Miguel Sebastián ha avisado a los bancos de que al Gobierno se le acaba la paciencia y los vigila. Se ha quedado con su cara.

Con independencia de lo que esto indica del rumbo (o no) de nuestra política enconómica, el bandazo ha sido tan radical que conviene analizarlo a cámara lenta. El primer motivo ha sido demoscópico. El rechazo de la opinión pública a las ayudas a la banca, más incompresibles aún tras sus grandes beneficios, pone al Gobierno en la necesidad de exigir "da" donde dijo "toma". Es el primer motivo no porque sea el más importante, claro, sino porque es el que más importa en la Moncloa.

Pero hay otra causa. Ante la magnitud de la crisis, a punto de dar un salto cualitativo y pasar de económica a social, el Gobierno que prometió el pleno empleo trata desesperadamente de quitarse el muerto de encima. Para eso necesita un chivo expiatorio. Pero el chivo expiatorio escasea: es una especie naturalmente en peligro de extinción.

Bush ya está extinto. Obama tiene bula. Retrotraerse a Aznar es peligroso, porque el pueblo soberano puede recordar, en un ataque de memoria histórica, que el denostado Aznar superó una crisis y logró la prosperidad subsiguiente. Al PP actual, pobre, no cabe exigirle que arrime el hombro: tiene de sobra con sus problemas internos. Para colmo, a Rouco en temas económicos (aunque sólo en eso) mejor dejarlo en paz, que empieza a hablar de austeridad, de Cáritas, de los pobres y de los comedores sociales, y les agua el discurso socialdemócrata.

Pero el paro crece imparable (3,3 millones) y el presidente Zapatero, antes de empezar a prescindir de sus ministros menos solventes, prefiere hacer un último intento de escurrir el bulto y apuntar hacia afuera. Afuera, a estas alturas, apenas quedan en pie los bancos.

Los banqueros, sin embargo, le han salido respondones. Sobre sus beneficios, contestan que qué esperaban. Sobre los créditos que no dan, recuerdan que ellos apuestan por negocios rentables. Sobre su responsabilidad en la crisis, mantienen que son víctimas y que el Gobierno no ha hecho nada para arreglar las cosas. De lo que no dicen ni mu es del dinerito fresco que les ofreció Zapatero. Claro que a Zapatero tampoco le interesa sacar ese asunto a relucir.

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