
La aldaba
Carlos Navarro Antolín
La ciudad merece una Santa Justa mejor... y sevillana
Con efecto
DEL mismo modo que el Miércoles de Ceniza nos alerta de la llegada de la Cuaresma, pasado mañana los béticos deberán estar muy atentos ante el advenimiento que les aguarda. Será una especie de miércoles de Estepa, según se anuncia en los carteles de club tan maltratado por los suyos como el Real Betis Balompié. Aunque para ser rigurosos habría que decir que los que lo han reventado en los últimos tres años no son precisamente muy de los suyos.
Se reúnen en los intestinos de Heliópolis el administrador judicial y una nutrida representación de las tres asociaciones de béticos que se fundaron a raíz de aquellos desmanes de Lopera que provocaron una crisis de similar índole a ésta. Si entonces la revolución fue absoluta, Estepa y algunos de los que lo secundan en el consejo, principalmente el atribulado y nuevo presidente, pretenden alargar la absurda transición judicial mediante cambios tenues con los que tapar la boca al bético de a pie.
Pero a éste lo tienen ya anestesiado y bien que se notó con la tibia puesta en escena de las protestas del pasado sábado. Múnich, por ejemplo, hubiese ardido. Aun así, la voluntad del beticismo quedó patente, con la exigencia de una dimisión en bloque de este desmañado consejo. Y ésta incluye al okupa judicial de Córdoba que el próximo miércoles buscará apoyos entre la supuesta nobleza y, a buen seguro, hallará más de algún palmero.
Pues que sepan todos los convocados que la única solución es demandarle a Estepa su adiós sin remedio o pedir su remoción a la juez Alaya. Sólo con un administrador judicial bético y procedente del fútbol y con un consejo de consenso, discrepante pero cabal entre sus miembros, y no intoxicado, hay interinidad posible. Cualquier otra medida es seguir con el postureo y con la babosa y erguida política de asesoramiento. Y estafar más al que ya duda hasta de los colores del Betis.
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