El Japón mítico de Ángeles Robles

El sello sevillano La Isla de Siltolá publica 'Una senda en la penumbra', su "dietario emocional" sobre el país asiático

Ángeles Robles (Cádiz, 1965).
Ángeles Robles (Cádiz, 1965).
Pilar Vera

25 de mayo 2014 - 05:00

Cuando el escritor japonés Natsume Soseki invitó a sus conocidos londinenses, en el siglo XIX, a un encuentro en el que contemplar la Luna se topó, para su sorpresa, con una colección de cejas arqueadas y sonrisitas de incomprensión. Una de las costumbres más arraigadas e importantes de la cultura nipona se transformó, de repente, diez mil kilómetros por delante, en algo completamente ridículo.

"En la cultura japonesa destaca su búsqueda de la experiencia de conexión con el mundo, muchas veces ligada a la contemplación de la naturaleza, los cerezos en flor, la Luna... -comenta Ángeles Robles-. De alguna manera, te dicen que lo importante tal vez no esté en las gestas, sino en esos momentos en los que vives una experiencia especial. En ese sentido, hay una manera de ser sensible en la cultura japonesa que sí entra en conexion conmigo".

Ya en el prólogo de Una senda en la penumbra. El Japón de los libros (La Isla de Siltolá),la autora advierte de que una de las preguntas más difíciles que le han hecho en su vida es por qué le gusta tanto Japón. Y añade que el territorio del que habla es, literalmente, territorio mítico, ya que refleja el Japón que se ha ido conformando a través de los "autores que he leído y que me quedan por leer".

Un libro de Lafcadio Hearn marcó, de hecho, el inicio de su relación espiritual con el país japonés: "Y siempre me digo que tal vez todo se hubiera desarrollado de manera diferente de haber topado con otro texto -comenta Robles-. Pero Hearn tuvo una biografía muy interesante, fue dando bandazos por el mundo hasta caer accidentalmente en Japón, donde terminaría pasando su vida, dando clases en la universidad y casado con una japonesa, de la que tomó el nombre de familia".

Una senda en la penumbra toma como punto de partida el blog El Japón de los libros: "Nunca he tenido constancia suficiente como para escribir -explica-. Nunca me he planteado el oficio literario, y el blog me sirvió para empezar a hablar de lo que me ocurría. Al principio, lo planteé como una manera de ir volcando reseñas, pero al poco me di cuenta de que lo que hacía era otra cosa: más bien, hablaba de mis experiencias a raíz de las lecturas... Poco a poco, fui probando y soltándome en otros ámbitos, como el hacer haikus".

Así, Una senda en la penumbra constituye una especie de "dietario emocional, de indagación personal", indica Robles. Textos de diversa condición y de carácter fragmentario a los que da unidad la propia estructura del libro, organizado según ánimos y estaciones: "El gusto por el ritual y la lentitud de los japoneses es algo que se refleja también en su ritmo narrativo, tan distinto al nuestro, lleno además de finales no concluyentes... -explica Robles-. El carácter cíclico y efímero de las estaciones marca el paso del tiempo, nuestro paso por el mundo... De hecho, yo diría que su forma de mirar la naturaleza no ha cambiado la mía, sino que me la ha explicado".

"Los japoneses -continúa- lo definen como kokoro: el corazón, el alma de las cosas. Yo me topé con una serie de elementos que despertaban temas en los que me apetecía trabajar: sentimientos y emociones por los que me apetecía seguir. Lo importante de los momentos compartidos, de la vinculación con la naturaleza -que tiene un punto de identificación y de humildad- o ese camino de trabajo personal, de perfeccionamiento que, en un punto exacerbado, lleva al código de honor... Todo eso me interesaba mucho, al igual que la sensibilidad que manifiestan hacia lo que les rodea. Una sensibilidad que, por un lado, se traduce en refinamiento y, por otro, en perversión".

Robles insiste en que no se considera una experta en el mundo japonés, ya que ha "trabajo el tema de manera intuitiva. Aun así -indica-, creo que desde la visión occidental hemos reducido mucho la cultura japonesa a ciertos tópicos como el ikebana, los haikus... Tópicos que son verdad, pero que reúnen unos valores estéticos y éticos que no nos llegan".

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