La Bética reinventada

Michael Thomas dirigiendo a la formación, anoche en los Reales Alcázares.
Michael Thomas dirigiendo a la formación, anoche en los Reales Alcázares.
Pablo J. Vayón

01 de junio 2012 - 05:00

Concierto de presentación. Solista: Isabel Egea, mezzosoprano. Director: Michael Thomas. Programa: 'Pavane pour une infante defuncte' y 'Ma mère l'oye' de Ravel; 'El amor brujo' (versión 1924) de Falla; 'Prélude a l'après-midi d'un faune' de Debussy. Lugar: Patio de la Montería del Real Alcázar. Fecha: Jueves 31 de mayo. Aforo: Lleno.

Gran paradoja de la cultura sevillana: en época de recortes y angustias parece renacer el movimiento sinfónico. A la gran noticia de la creación de un estupendo conjunto de jóvenes dependiente de Universidad y Conservatorio hace sólo unos meses, se une ahora esta resurrección de la Bética, la orquesta que en su formato de cámara fundara en 1924 Manuel de Falla.

Aunque desde entonces el conjunto, convertido luego en filarmónico, no dejó nunca de existir, desde la creación de la ROSS en 1991 su existencia fue muy precaria. La revitalización del proyecto merece atención, pues llega en un momento en el que el esfuerzo de décadas por mejorar la formación musical en nuestro entorno parece ir cuajando en unas generaciones de jóvenes cada vez mejor preparados y porque la vinculación al proyecto de algunos estupendos y ya bien conocidos instrumentistas de la ciudad y de Michael Thomas garantizan un trabajo artístico de seriedad.

Thomas es un lujo para Andalucía. Tras diez años dando lo mejor de sí en la OJA, ahora hay muchos conjuntos que se benefician directamente de su labor. La Bética, con el mismo programa que Falla presentara en aquel lejano 1924, sonó bajo su batuta con muy apreciable tersura en las cuerdas (extraordinarias las graves) y un muy correcto equilibrio general. El comienzo titubeante de las trompas en la Pavana de Ravel fue solo un falso señuelo, pues rápidamente todo sonó bien articulado, limpio, cálido y transparente.

Se ofreció la versión de El amor brujo que Falla preparó para aquel concierto fundacional (no la gitanería de 1915 ni el ballet de 1925). Es esta una obra fetiche del conjunto (¡cuántas veces la disfrutaron los sevillanos conducida por Luis Izquierdo!), y ayer sonó con especial delicadeza en las transiciones y la colaboración de una mezzo, Isabel Egea, que a despecho de una voz no muy grande, cantó con gusto, estilo y notable elegancia. Muy interesantes las versiones camerísticas de El preludio de Debussy (a partir de las anotaciones del propio Falla) y de Mi madre la oca de Ravel, en las que pudo más la claridad y la finura del fraseo que el misterio, la sensualidad y el color que habita en sus pentagramas.

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