La música, alimento del amor

Andrés Moreno Mengíbar

11 de marzo 2012 - 05:00

D. Vissé / N. Figueiredo. Femás 2012. Programa: Obras de Henry Purcell, William Byrd, Giovanni Felice Sances, Biaggio Marini, Bernardo Storace, Barbara Strozzi y Tarquino Merula. Contratenor: Dominique Vissé. Clave y órgano: Nicolau de Figueiredo. Lugar: Espacio Santa Clara. Fecha: Sábado, 10 de marzo. Aforo: Tres cuartos de entrada.

Uno de los hitos a priori más importantes de la presente edición del Femás es la presencia, por primera vez en la ciudad, del afamado contatenor francés Dominique Vissé, con la complicidad de Nicolau de Figueiredo, uno de los clavecinistas más apasionantres de los últimos años. Y no defraudó en absoluto el resultado de la cita.

Vissé posee una voz muy peculiar de contratenor, más cercano a lo que los franceses denominan haut-contre y que se define por su emisión alta y su característica nasalidad en la zona superior del registro. Aunque el francés ha conseguido enmascarar el sonido, los tonos nasales afloran en las notas más altas, si bien en muchas ocasiones son utilizados con intencionalidad expresiva en las piezas más ligeras y cómicas. El resto de la voz es homogénea, especialmente en el centro, si bien se nota un cambio de color en el paso al registro grave, algo que las generaciones posteriores de contratenores han conseguido obviar con una más depurada técnica. Pero donde triunfó de manera arrolladora fue en su infinita capacidad de matización en el fraseo, de acentuar todas y cada una de las tonalidades expresivas del texto y de dotar a cada repetición (máxime en obras construidas sobre ostinati) de un matiz diferente. Valgan como muestras para el recuerdo la Canzonetta de Merula o el Eraclito amoroso de Strozzi.

Para mí, con todo, lo mejor estuvo en las manos de Figueiredo, muy por encima del acompañamiento y erigiéndose en protagonista de muchas piezas merced a su capacidad de fantasear sobre los ostinati, de acentuar lo expresado por la voz y de conseguir que se apreciase con claridad meridiana la línea melódica sobre las exuberantes ornamentaciones.

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